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Nota

Archivo de Glosa: anotaciones por orden cronológico.



Entre-vista

Ahí estaba yo, sentado frente a ella, en una suerte de duelo de anteojos (no sé por qué sus rojos anteojos, de ese plástico que tiene el brillo del carey pero colores más indiscutibles, se me impusieron con más vehemencia que sus ojos, claros, sin duda, pero incógnitos; se los sacó al terminar la entrevista, como diciendo "listo, ya está"; yo conservé puestos los míos, anteojos permanentes). La escuché cuarenta minutos, no más, atentamente. No interpuse ningún resguardo y la dejé inundarme. Me habló de su papá, del camión del Ejército, de la distancia fatal entre el no estar y el estar muerto. Me hizo ver qué clase de fantasmas pueden vivir en un manicomio. Luego, transcribí de un tirón todo lo que había grabado. Después escribí. En primera persona, escribí. Habrán sido tres, cuatro horas en total, en que tuve que ser ella, una parte de ella, apenas la más visible, quizás. Es decir: fui menos que ella, que se mostraba en paz con su suerte. Yo todavía tengo ganas de llorar.(01/09/2006) (Superfluos relatos)



Crueldad II

Sólo veo las luces opacas. Escucho el resuello de Beatriz a mis espaldas y me voy sin mirar atrás. No quiero ver, no quiero enterarme. Sé que está llorando pero piso firme, aprieto el paso, me voy...

Nat había prendido todas las luces de su casa, que destacaban el blanco de las paredes y el amarillo de los almohadones, dispuestos en el suelo para que nos sentemos en ronda. Beatriz me busca, se me acerca por la izquierda y yo cierro conversación con Quique, a mi derecha. Llega Lu, "Lumía". Unos días antes, habíamos vuelto a encontrarnos, después de mucho tiempo. ¿Un año? Creo que dos. ¡Dos años! ¿Y cómo estás? Bien. Sabés a qué me refiero. Si, bien, estoy en pareja, ¿vos?. Nada... te quiero, todavía. Yo también te quiero, no es ese el punto, Lucas. Supongo que no. Ahora, Nat pone música, algo de Diego Frenkel, y trae las pizzas. Beatriz me saca conversación y yo miro a Lu. Beatriz trata de tomarme del brazo. La miro como para matarla. Qué marcás. No contesta. Lu no me dedica mirada. Se sienta cerca de Nat, le desea feliz cumpleaños y se pone a charlar con el Oso, que tiene locuacidad cervezal. Se ríen. El Oso es inofensivo, pienso. La noche pasa. Decido irme y me despido de todos y de nadie, único beso para la anfitriona, que lo termines lindo, nos hablamos. Chau a todos. Yo también me voy, dice Beatriz, dando casi un salto. No sé cómo llegamos a siete y 57, caminando. No sé de qué pudimos hablar todas esas cuadras ni sé como es que Beatriz está llorando y yo me siento frío de frialdad absoluta. No quiero nada con vos. Pero bien que me cogiste. Pero no quiero nada con vos. ¿Es por Lu? No me jodas, ella está en pareja. Pero es por Lu. Por lo que sea: no quiero nada con vos. Me siento mal, creo que me voy a desmayar. No hagas teatro, es tarde y estoy cansado. Te digo que me siento mal. No vas a hacer que me quede con vos desmayándote. Te digo que me siento mal. Pasan varios taxis y no le paro ninguno. Al contrario, doy media vuelta y, frío de frialdad absoluta, empiezo a caminar. Sólo veo las luces de la avenida, el amarillo lúgubre y tembloroso, opaco, suma de todos los haces insuficientes del alumbrado, los negocios y los autos. Escucho los suspiros de Beatriz a mis espaldas y me voy sin mirar atrás. No quiero ver, no quiero enterarme. Sé que está llorando pero piso firme, aprieto el paso, me voy. No me putea, no grita, nada. Si no escuchara su sollozo pensaría que se ha desmayado en serio, al final. Cuando paso por el frente del ministerio, sólo veo el frío halógeno y ya no escucho a Beatriz. En un rato me voy a perder en la oscuridad de Plaza Rocha, habiendo consumado un acto de cobardía y pensando por qué, pudiendo evitarlo, pude ser tan cruel.(18/08/2006) (Superfluos relatos)



Crueldad

Recuerda. Una vez, un acto de la escuela primaria. De fin de curso, seguramente. Se hizo un sorteo. Cuando sacaron el último número escuchó que decían la cifra impresa en el ticket que tenía en la mano.

Recuerda. "¡Yo que nunca me saco nada!", pensó. Una exageración, seguramente. Pero auténtica expresión del tamaño y la ingenuidad de la alegría que experimentaba mientras avanzaba hacia el escenario, esperando recibir, como los anteriores agraciados, libros, lápices, mochilas.

Lo que no recuerda es si le comunicó a alguien, en voz alta, ese pensamiento. Recuerda, sí, los aplausos, el bullicio, un paréntesis en el tiempo y la sensación del vaivén de sus piernas, la misma sensación que tiene ahora al caminar, confusión de acto y recuerdo. Cuando llegó al escenario, le dieron un paquete similar a una caja de zapatos.

Era, efectivamente, una caja de zapatos: la abrió a la vista de todos y encontró unas viejas sandalias de hombre, marrones, tipo franciscanas, sucias y desvencijadas. Recuerda (o todavía siente) en la cara su gesto de desilusión, de incomprensión, de desamparo. No recuerda si miró al que voceaba los números, buscando una explicación, o si buscó la explicación en el borde del escenario, en las luces o en el enorme cuadro de Quinquela colgado en la pared derecha del salón.

No sabe eso, pero sí que escuchó la risa brutal e impiadosa del auditorio, abalanzándose sobre él como esos vendavales que el pampero sucio decarga en la playa, esa mezcla imprevista de polvo, arena y papeles robados de manos incautas, manos que no vieron venir la nube negra que la tormenta levanta en el horizonte acercándose velozmente, un fugaz aviso que las almas reblandecidas por el sol de enero no están nunca dispuestas a presentir.

Volvió a su lugar entre sus compañeros, muerto de vergüenza y humillación (quizás por eso no recuerda si le comunicó a alguien aquel pensamiento desmesurado), sin lograr explicarse por qué, por qué, pudiendo evitarlo, alguien puede ser tan cruel.
(10/08/2006) (Superfluos relatos)



Ilusión de unidad II

Disparado por el comentario de Kaco al post "Ilusión de unidad".

Parece ser que en alguna selva de un lugar inundable, pongamos que sea el Amazonas, hay unas hormigas que establecen sus hormigueros en los huecos de los árboles. Lo peculiar de estas hormigas es que, cuando en una crecida del río el agua alcanza el hormiguero, los bichos, de un color anaranjado muy brillante, se prenden unos a otros formando una especie de balsa y se dejan arrastrar por la corriente, llevándose reina, huevos y crisálidas. Las obreras que quedan debajo del montón, metidas en el agua, se esfuerzan por escapar hacia la parte de arriba, otorgando al conjunto un aspecto inquieto e inestable. Y ahí va la balsa de hormigas, a la deriva en medio de la inundación, cambiando agitadamente de forma como una ameba nerviosa, hasta que toca algún tronco que sobresale del agua. Las hormigas se prenden al tronco y la balsa se descompone súbitamente en minúsculas y numerosas partículas, ya no balsa sino un montón de hormigas que buscan el hueco donde fundarán su nueva colonia.(28/07/2006) (Superfluos relatos)



14/28

Del día a la noche, ella se convertía en una princesa. Decía que una pócima mágica le circulaba en sobredosis por las venas. "Es eso, Lucas, no te confundas". La transformaba en un ángel, una ninfa, amazona o walkiria, súcubo desaforado, gata, diva, diosa, reina del sexo y del rocanrol. Pero el encantamiento sólo duraba doce horas.

Al dar las doce, volvía a ser calabaza.(18/07/2006) (Superfluos relatos)



Una de insomnio

"Una vez más compruebo que dormir sobre mi costado izquierdo propicia los malos sueños..."

Vero, Mi lado izquierdo, El infierno de nuestro descontento.


En la noche, noche de cielos enrojecidos como acostumbra a dar La Plata, hay un tipo desvelado. Pobre hombre: lo acosan sus mínimos fantasmas. Tan pequeños que los vé él no más, y sólo bien de cerca, cuando, en la noche, no hay nada que lo distraiga ni se interponga.

De día, por más que los fantasmas le salgan al cruce y le griten "buuhh" cubiertos de sábanas blancas, el hombre, que ahora está desvelado, no los vé ni los oye. Podrá pasar por valiente o temerario, pero no está sino distraído, o atento a otras cosas, que es otra forma de decir lo mismo.

Es como en un dibujo animado: los fantasmas se esfuerzan por asustar al sujeto y le interponen cotidianas catástrofes (típicamente: pianos en caída libre, camiones intempestivos o cristales cruzacalles). Las catátrofes mantienen a nuestro pobre hombre concentrado en el esfuerzo, tozudo esfuerzo, de seguir adelante.

Pero a veces, en las noches enrojecidas de La Plata, su relato cambia de género y ya no es un dibujo animado. Vistas lo suficientemente de cerca, las cosas más nimias lucen desmesuradas.

No sé si es que los favorece el silencio, el coro de perros que en él se destaca, la luz confusa que entra por la ventana o qué, pero ahí se yerguen los fantasmas, que ahora no necesitan decir "buuhh" ni cubrirse con sábanas. Les basta permanecer en silencio, negarse a dar razón, para quitarle al hombre el sueño.

Dicen que para el insomnio hay variados remedios: ciertas pastillas, un vaso de leche tibia, una ducha caliente, una buena paja. O vestir el silencio de los fantasmas con una página de palabras.
(11/07/2006) (Superfluos relatos)



Rosa María

Rosa María tuvo una hija, dos hijas, un hijo. Tuvo con su marido una fiambrería en el Paraguay y vivió en la vieja casona de una familia aristocrática a la que la unía un vago pero siempre mencionado lazo de parentesco. En esa casona había, dicen, una gran escalera como aquellas por las cuales bajaban, etéreas, las protagonistas de las películas del 50 y sobre la cual la hija del medio creyó que volaba una noche, muerta del susto, huyendo de la risa, fantasmagórica bajo la luz de la luna, de una prima tentada.

La hija mayor se murió por un aborto mal hecho. El padre de la criatura era un hombre casado. Con otra, se entiende. La hermana sobreviviente no pudo nunca con eso. Se casó con un hombre cruel que cada noche repite el ritual de verificar (tres exactas veces) si la puerta de calle de su casa ha quedado debidamente cerrada.

El hijo de Rosa María se cayó una vez de un árbol. Dicen que por ese golpe es que tiene epilepsia. La epilepsia lo convirtió para siempre en una suerte de sujeto dependiente, obligado al papel del hijo tonto, hasta que se casó y se sacó a su vieja de encima, mandándola a vivir con la hermana sobreviviente. La hermana sobreviviente no pudo nunca con eso. Ni con eso ni con el hecho de que su marido odiara a muerte a Rosa María. La odia porque Rosa María y su marido cuidaron de su hijo tonto dándole en herencia sus pobres capitales en perjuicio de la hija, que tenía un marido que la mantuviera.

El marido de Rosa María era paraguayo y acompañaba con su guitarra las dulces melodías en guaraní compuestas por el primo que había tenido mejor fortuna. Cada fin de semana, los hijos y los nietos se reunían en la casa de Rosa María y se cantaba y se jugaba a la generala. El hijo tonto también tocaba la guitarra. Una vez se compró una Stratocaster con la que no supo qué hacer, y la vendió. La hija sobreviviente cantaba ópera. El marido cruel la acompañaba a los conciertos y se ocupaba de las partituras. Hasta que nacieron los hijos, claro, que fue cuando la hija sobreviviente ya no cantó más. Lírico, por lo menos, porque en las reuniones de los fines de semana siguió cantando bellas melodías en guaraní.

Cuando se murió el marido de Rosa María, la sucesión fue terrible, como suelen ser las sucesiones. Los hermanos se pelearon y Rosa María perdió hasta sus muebles, que fueron repartidos entre los vástagos como si la vieja ya se hubiera muerto. No hubo más reuniones los fines de semana y la hija sobreviviente sólo cantó en el coro de la escuela de los chicos o en su casa, mientras el marido trabajaba o roncaba en un sillón.

Los nietos de Rosa María fueron cuatro. Tres de la hija sobreviviente, uno del hijo tonto. El primero (que en realidad fue el segundo, si los fantasmas cuentan, si el lugar que ocupan encierra una masa, un peso) fue el varón de la hija sobreviviente. Lo acunó, le cantó ico ico caballito y este pícaro gordito se lo comió se lo comió se lo comió y lo hizo reír incontables veces. Fue igual con las dos nietas que siguieron. El último nieto fue el único varón que el hijo tonto tuvo con una mujer reputada de mala y de medio bruja. Que no se reitere aquello de las oportunidades que tienen o no las estirpes condenadas a cien años de soledad. Esta ni es tan estirpe, ni son cien años, ni es para tanto. Pero la secuencia de nietos vivos tiene esa geometría que tan fácilmente tienta a explicaciones fatalistas, a una poética de la necesariedad o del destino. La cuestión es que el nieto menor de Rosa María la desprecia.

Rosa María espera su turno en un geriátrico. Tiene 94 años y pánico a la muerte, a la que vió con ojos aterrados, pequeños y llorosos, de frente y de perfil, ya un par de veces, y le hizo el gambito. Espera un perdón, que no va a llegar, de un hombre mezquino y un llamado, que no va a llegar, de un hombre cobarde. Mantenerse en esa espera no la va a salvar, se va a morir lo mismo. Su hija no podrá con eso.
(20/06/2006) (Superfluos relatos)



A-periodismo

Está claro que mantenemos este intercambio para algo más que para hacer circular noticias, esas, las cinco W's: Qué: Escarlatina - Quién: el nene - Cuándo: desde el domingo pasado - Dónde: seguramente en la escuela - Por qué: ¿por qué alguien se enferma de escarlatina? ¿Eh? ¿Nos conforma la explicación biologicista? Una bacteria ingresa en el organismo y empieza a multiplicarse fanfarronamente, indómita, hasta que se lleva puestos a todos los glóbulos blancos y ¡pim! hay infección, se dispara la fiebre, se brota la piel que se pone como una lija. O buscamos explicaciones más inútiles, nos preguntamos cuál es el sentido último de la enfermedad, su razón de ser en el Plan Divino, su esencia nouménica. O nos quedamos con la explicación pragmática: porque estuvo en contacto con alguien que portaba la bacteria.

(Sea como fuere, para mí, ver a al nene permanecer sentado o recostado en su cama por propia voluntad, siendo habitual portador de un cuete en el orto, es siempre perturbador.)

UPDATE: qué: remisión de la enfermedad - quién: el nene, claro - cuándo: ayer - dónde: ¿cómo se responde a esa pregunta? En su cuerpo, la enfermedad remitió de su cuerpo, pero él estaba en su cama, que estaba en nuestra casa. Aunque quizás la invasión de bacterias fue vencida en microscópica batalla mientras estaba en el baño, o mientras yo lo alzaba para darle un beso, o mientras estaba en el living mirando tele con la mamá... - por qué: qué curioso, acá hay una respuesta más fácil: por acción y efecto de la gloriosa penicilina, bicho heroico, amorosamente administrado cada seis horas, cortando las noches, por los papis del enfermo, acostumbrados ya a no dormir, total, quién lo necesita.

Pero decía, entonces, que mantenemos este intercambio para algo más que para hacer circular noticias...(26/05/2006) (Superfluos relatos)



Ejercicio para desentumecer los dedos (que por algún lado hay que empezar)

¿Qué será de la mitología del poeta sentado en un bar, con su block de notas, escribiendo? Cronistas de cibercafé. A la piba que tengo al lado acaba de apagársele la computadora, se le reinició. Fue a buscar ayuda del pibe del ciber, que le ofrece pasarse a otra. La flaca estaba haciendo algo, tenía un libro sobre la falda y sacó desesperada un disquette. Del otro lado, un pibe lee un documento Word sobre problemas de la infancia, navega el sitio de un banco, tiene como cuatro ventanas del browser abiertas. Todos miramos al frente, bueno, yo pispeo para los costados, como un voyeur ilegítimo, y me tomo el atrevimiento de narrar esto, no sé quién me creo que soy, sólo estoy aburrido, esperando en el ciber de una estación de servicio la hora de ir a otro lado. Hay un murmullo, un televisor. Ahora suena una máquina de café. La flaca a la que se le reinició la PC empezó a recorrer carpetas, buscando algo. Todavía no puedo adivinar si perdió trabajo, se la ve calma e indiferente. Alguien estornudó lejos, en la parte del salón donde están las mesas, porque hay mesas, es uno de esos lugares de servicios de las estaciones de ídem. La impresora imprime una factura atrás de otra. El entorno es básicamente sonoro. Voces nítidas en sus timbres (atrás tengo cabinas de teléfono; habla fuerte alguien con un vago acento andino) mas no en sus decires, plin caja, el ruido plástico de bolsas de galletas o papas fritas. Escribir en un ciber es como cerrar los ojos. Si lo pienso así, los oídos toman la posta (el TV está pasando un partido, el locutor avanza con su ritmo acelerado y monocorde) y detectan el ruido de la loza, las tazas de café. Sé, porque fuí cafetero en un bar, que esas tazas deben estar calientes. Se las pone sobre la máquina, para que tomen temperatura y no enfríen el café cuando se lo sirva. Cuando no hay mucho movimiento, sé que alcanzan temperaturas difícilmente soportables. La flaca de al lado terminó lo que estaba haciendo. Como si se hubieran puesto de acuerdo, ella y el flaco que leía sobre los problemas de la infancia se paran. Ella recoge sus cosas y se vá. En realidad, él también, no sé por qué las convierto en acciones distintas o diferenciadas. Quedé sólo. No se siente el ruido de los autos que en la playa deben estar repostando. En su lugar, los bondis que pasan -alguien hace un tiro de cabeza, en el partido de la tele, un frenesí del relator enfatiza una jugada que presumo en el área, con riesgo de gol, no hay expresiones de emoción en el salón: nadie debe estar mirando ese partido-. La nueva soledad relativa autoriza a los ojos. Justo delante de mí un tipo de chomba amarilla lee el diario en una barra. Me llama la atención lo de la chomba amarilla porque es del mismo tono en que están pintadas las paredes. Y no es porque sea personal del lugar, no, esos tienen uniformes celestes.

Listo, el experimento no dá para más y empiezo a correr el riesgo de enumerar los mapas del exhibidor, la vitrina con los puros, la heladera de los helados. Para abundar en un tópico recurrente de blog, ya es suficiente.

Los saluda atentamente, SSS. (30/03/2006) (Superfluos relatos)



De los hábitos de ciertos mamíferos en materia de estimulantes

Raras veces las ballenas se permiten tomar whiskie. En esas oportunidades, las francas prefieren el Ballantine´s y las azules el Johny Walker. En cambio, las focas prefieren otras sustancias: es inocultable el gusto de estos pinnípedos por la marihuana.

Ahora bien, éste hábito tiene directa relación con la organización social de sus comunidades, ya que les obliga a desarrollar complejos sistemas de relevos que garanticen que siempre algún miembro de la manada mantenga el porro fuera del agua.

Los documentales de Jaques Custeau y las películas de buzos nos han mostrado lo simpáticos que resultan estos animales cuando están del orto, colgados minuciosamente en la observación detallada de la lente que registra su narizota absorta. Ya es un clásico del cine documental la imagen de una foca de frente en primerísimo plano, inclinando su cabeza (y con ella todo su cuerpo sumergido) ora a la izquierda, ora a la derecha, ora una vuelta completa.

Biólogos neodarwinistas1 afirman que el hábito de retener el humo de la marihuana para potenciar su efecto desarrolló en estos pinnípedos la capacidad de apnea, posibilitando su conversión en mamíferos anfibios.

Como es de suponer, esta no es la única adaptación que puede observarse. No es raro ver grupos de focas arrancar del fondo del mar diversos moluscos bivalvos. Este hábito llevó a naturalistas superficiales a suponer que dichos moluscos formaban parte de la dieta de las focas, cuando observaciones más profundas han demostrado sin lugar a dudas que las conchas son utilizadas para la confección de variadas e imaginativas tuqueras2.

Es que, en el medio marítimo, la marihuana es una perla escasa. Esta escasez ha obligado a algunos etólogos a deducir, contra todas las reglas del método científico, que algunos individuos debían especializarse en la comercialización y distribución de la marihuana3. Ante la absoluta ausencia de pruebas empíricas de tal especialización, etólogos de corrientes contrapuestas, en su mayoría de la Universidad de Minnesota, postularon la Teoría de la Provisión Extra-específica, también conocida como Teoría del Dealer Exógeno4, que gozara casi inmediatamente de amplia aceptación en Estados Unidos, a pesar de no estar empíricamente mucho mejor fundamentada. Según esta teoría, la marihuana debía ser suministrada a las focas por individuos de otras especies, presumiblemente orcas.

Psicólogos cognitivos, de tendencia conservadora, seducidos por esta perspectiva, dedujeron inmediatamente la inferioridad intelectual de las orcas, puesto que a todas luces resulta una enorme contradicción devorar a los potenciales consumidores de la mercancía que uno mismo provee, a la vista de los probados hábitos alimentarios de las orcas. Amas de casa de todo el mundo enviaron miles de cartas a la redacción del Reader´s Digest aventurando la sospecha de que la comercialización de marihuana fuera sólo una perversa estratagema para conducir a las jóvenes focas a una muerte segura.

Ante la popularización de esta vulgarización de la Teoría de la Provisión Extra-específica, economistas políticamente correctos de la Alemania Occidental sostuvieron que se trataba de un callejón sin salida teórico que debía descartarse, ya que resultaba incapaz de explicar la importancia de este mercado para las economías de países latinoamericanos y orientales5.

Desatada la polémica, sociólogos marxistas, de fuertes influencias althusserianas, denunciaron el engaño ideológico subyacente en todas estas falsas explicaciones y sostuvieron que las orcas no son más que agentes de la represión capitalista6. Esto no hizo sino aumentar la mala reputación de la que gozaban las orcas entre los estudiantes de diversas ciencias sociales.

Mientras tanto veterinarios malgaches7 establecieron la inaudita longevidad de las focas, que no abandonan el hábito, aunque el consumo se torne más espaciado y miren condescendientes a las jóvenes camadas que hacen sus piruetas y examinan las lentes de las cámaras.

Antonio Braunschweiger, Buenos Aires, 29.10.2003

Notas:
1 The Marijuana's Use and the Amphibious Life, VVAA, Massachusetts University Press, 1982.

2 Le construction des appareils pour le consume de marihuana dans les pinnipèdes, Ives Danros, Revue des Sciences de la Conduit, France, 1984.

3 Specialized Behaviors into Pinnipeds Community, VVAA, paper, "Seals" paragraph, Behavior and Zoology Institute, North Carolina, 1985.

4 Outsourced. An explanation of the marijuana supply in the seals herds; informe de la investigación dirigida por Phillip Stuart Antes, Ethology Institute, Minnesota University, 1985.

5 Franz Schuber y Klaus Adrech, reportaje, Deutsches Zeitung (Edición Internacional en alemán), 29/04/1987.

6 Los Agentes De La Explotación, Pedro Alcázar, Mexico, 1989, La Represión De Las Drogas En La Era Reagan, Emilia Ambrosé, Buenos Aires, 1989, No Vueles. Las Orcas y el Terror de Estado, Antonio López Martínez, Cali, 1990, entre otros.

7 The Seals Life, Raymond Vrand, Madagascar Island University Press, 1996.(20/03/2006) (Superfluos relatos)



Incompatibilidades astrales

Mirá que me fijo en cada cosa. Las chicas de piscis me hacen sufrir. Que no se diga, no será su culpa, pero algo en las estrellas habrá hecho que las chicas de piscis no vean en este chico de libra nada más que un amigo gauchito. Pero este chico de libra se enamora de ellas. Bueno, me he enamorado de dos chicas de piscis, que me han hecho sufrir.

Las chicas de piscis, las dos que cuento, eran adorables, erráticas, vehementes. Hablaban como si el mundo no tuviera grandes misterios y te miraban como si el único misterio que valiera la pena estuviera detrás de sus párpados. En eso quizás no se diferenciaban de las chicas de otros signos, a decir verdad.

A Sandra la recuerdo fresca y plácida, sentada en un banco de su jardín enorme, donde había un gigantesco jazmín trepador que cubría todo el muro del fondo. Sandra extrañaba a su padre muerto y vestía de rosa. Un día le dije que me había enamorado de ella y me miró con sorpresa. Fue la primera vez que escucharía la frasecita: "Disculpame si hice algo que te confundiera".

Las chicas de piscis, lo supe después con Laura, serán, para mí, entonces, confusas. Sin dudas. Laura tenía la virtud de regalarme su compañía cuando pensaba que el tedio iba a matarme. Ella aparecía y arrasaba con todo, era toda presencia y encanto. Charlábamos horas, tomando mate. Laura era un vendaval o un maremoto y no podía estar a su lado sin desear tomarla de la cintura. Un día se lo dije, y volví a escuchar la misma frase, palabra más, palabra menos. Ahora que lo pienso, no puede tomarse de la cintura un vendaval o un maremoto.

Me acuerdo hoy de todo esto porque Laura había nacido un 29 de febrero. Un detalle perturbador e inolvidable. Como el perfume de los jazmines.
(28/02/2006) (Superfluos relatos)



Momentos criollitas (o de las cosas simples)

Muchachos!!!

Mi hijo aprendió a andar en bicicleta!!!. Si me ha hecho correr, che... Pero finalmente se largó ayer, 22 de enero de 2006, en su tercer intento. Le solté la bici apenas arrancó y anduvo como cien metros hasta que quiso frenar. Está súper feliz y orgulloso.

Hace unos días pidió que le saque las rueditas, mejor dicho, la ruedita, porque una ya se la había sacado, siguiendo esa hipótesis falaz que dice que se puede aprender de a poco, digamos que sólo de un lado, a andar en bici. Él pidió que le saque la que quedaba, supongo que motivado por el hecho de ver a su mejor amigo dar vueltas por el barrio con total autonomía, y, al tercer día de intentarlo, se largó.

¿Ustedes se acuerdan del día que sus críos se largaron con la bici? En esos momentos uno siente que después de todo no es tan mal padre, y la cara de felicidad del parvulito es como la droga del estado de gloria.

Bueno, que estamos contentos los dos, eso quiero decir. Ahora estamos saliendo a practicar, porque el novel ciclista insiste en mirar a los costados para ver qué hago yo o qué hace su amigo, o el perro que nos sigue o el pajarito que pasa y ahí el equilibrio se le va a la mierda y se pega un porrazo que lo amedrenta, "¿ves? por eso quiero que me pongas las rueditas!!!", y uno trata de persuadirlo de que ya no puede volver atrás, que ya tomó su decisión y que un tropezón no es caída.

Cada día me convenzo más de que es cierto que la paternidad es el arte de enseñar a otro a hacer lo que uno no está seguro de saber.(23/01/2006) (Superfluos relatos)



Frutillas

...ella le convidó frutillas. No una manzana, por decir, sino frutillas. Porque a pesar de Adán y Eva, las frutillas son más eróticas que las manzanas, tan tópicas, tan vulgares.

La cuestión es que le ofreció frutillas y lo sorprendió. Después de dos meses sin hablarse, ella le convidó de esa fruta tan carnosa, tan húmeda...

Siguieron sin hablarse, luego. Quizás sólo le sobraban frutillas...(12/01/2006) (Superfluos relatos)



Esto no es una receta

El gesto de Magritte es irrepetible, pero no me resisto a la vanidad de intentarlo:

¡Señores que llegan aquí con la búqueda "Vitel toné": esto no es una receta!

Esas dos palabritas ("vitel toné") me proveen todos los días varios visitantes y colocan Falso Vitel Toné bastante alto en los resultados de Google. Imagino que estos visitantes saldrán frustrados de la lectura de ese post, si es que buscaban indicaciones prácticas, las físico-químicas, para elaborar el plato.

Para eso, estuve buscando y encontré una receta aquí, donde la mayonesa se hace casera, partiendo de los huevos y el aceite, y aquí, en una versión con vino blanco, una verdadera sofisticación, y esta otra con crema de leche, no hallé ninguna con aceitunas... pero bueno, para que quienes vienen rastreando efectivamente la receta no se vayan de este sitio con las manos vacías y puedan guardar un recuerdo amable de este lugar.

Entretanto, y ante la inminencia de las fiestas navideñas, puedo ponerme a hablar, más que de física y química, de alquimia y contar del vitel toné que para esta época cocina mi madre, vitel toné que, como todos acordarán, es el mejor del mundo (quiero decir, todos acordarán en que el que hace la madre -el padre, la abuela, la tía- de cada quien es el mejor del mundo). Yo podría repetir aquí la receta del vitel toné, indagar acerca de por qué tiene ese nombre afrancesado, descubrir que aquí dicen que es de origen italiano, cuánto tiempo debe hervir el peceto, qué proporción de atún es la canónica, si las alcaparras le gustan a alguien o no, o cosas por el estilo, pero entonces no les hablaría de mi madre, de la cocina de la casa de mis viejos, de las navidades en familia... Vamos, que la receta del vitel toné no es un vitel toné...

Mi vieja hace el vitel toné uno o dos días antes de servirlo, porque argumenta que de ese modo los sabores se amalgaman mejor. He visto la preparación realizarse con una vetusta batidora de esas del vaso alto primero, luego, en los 80, la vi hacerse con una Moulinex. En los noventa, mi vieja usaba una multiprocesadora de esas que parecen naves espaciales y después otra vez la Moulinex, que ahí estaba, funcionando todavía cuando las naves espaciales habían dicho basta y nadie podía pensar en renovar tal bien suntuario.

Desde hace un tiempito mis viejos han debido empezar a reducir su, como dicen los médicos, ingesta de sal, así que mi vieja ha optado por omitir, o reducir a un mínimo apenas apreciable, las anchoas como ingrediente. Ese saborcito un poco agresivo que está en el fondo del vitel toné es apenas una insinuación en la versión que comemos en casa de mis viejos, en aras de disminuir la dosis de sal que las anchoas aportan.

Por el mismo motivo, el peceto se hierve con multitud de hierbas y verduras, hasta dejarlo tierno y gustoso, pero apenas si se le agrega sal. Juro que uno se acostumbra y empieza a apreciar de otro modo los sabores, que ahí están, y que la sal sólo enfatiza haciendo perezoso nuestro paladar, como Platón decía que la escritura hacía perezosa a la memoria.

Cuando mi vieja empieza a hervir el peceto, la cocina se llena con el perfume del caldo y es entonces que uno sabe que empezó la semana de las fiestas, que durará hasta el asado del primero de enero.

Normalmente es mi viejo el encargado de filetear el peceto. Usa para eso un cuchillo fiambrero que tuvo alguna vez un cabo blanco de un plástico que parece baquelita pero que no sé si podría serlo, porque, como digo, era blanco, y no sé si existe baquelita blanca...

La cuestión es que el tal cabo ahora es mas bien amarillento, como le cabe al mango de un cuchillo que ya estaba en la casa de mis padres para cuando yo fui capaz de apreciar su presencia en el cajón de los cubiertos, el mismo cajón donde está ahora, el mismo lugar en el cajón desde hace años, en el compartimento de adelante, junto con un sacacorchos de esos que tienen como unos bracitos a los lados y con el que yo jugaba a los marcianos cuando la conversación de los grandes se me empezaba a hacer aburrida.

En los últimos años, yo he asumido también alguna vez la función de fileteador, o alguna de mis hermanas o mi mujer. Qué tanto: cualquier miembro de la familia, en algún momento, se ocupa de filetear el peceto mientras todos charlamos sobre las últimas refacciones que mi viejo planea hacerle a la casa, volver a levantar la pared que separaba el comedor de la sala, que quedó tan grande y que ahora que ustedes no están no se justifica, además cada vez que cocinás la casa se llena toda con el olor y te queda impregnado, pero ahora voy a aprovechar para hacer en esa pared una biblioteca empotrada, ya hice cortar las maderas que voy a usar para los estantes, va a quedar bueno. Mientras se filetea el peceto y los nietos juegan entre las patas de la mesa del comedor, mi vieja termina la salsa, a la sazón, y nunca mejor dicho, el corazón del plato.


Eso lo hace sólo ella, ofrecernos ese don es su privilegio. Cuando ella hace la salsa, todos le andamos alrededor como moscas, con un pancito en la mano. ¿Está bien así? ¿Le falta mayonesa? ¿Le agrego caldo? Y cada quién va mojando el pancito en la salsa, así está perfecta, pero dejame probar otro poquito para estar seguro.

Entretanto, el fileteador tiene la responsabilidad de lograr fetas lo más finas posibles. Esas fetas se disponen, encimadas como las escamas de un pescado, en una fuente que previamente se ha, como repiten las recetas, regado con la salsa de atún. A cada capa de carne se agrega otra capa de salsa.

La salsa como la hace mi vieja es mas bien líquida. No es una de esas salsas pastosas que uno suele encontrar en la versión de los restaurantes o las rotiserías. Y no es tan blanca, sino mas bien color te con leche, quizás porque su variante está basada en la mayonesa y el caldo de cocción del peceto y no en la crema, o vaya a saber por qué otra ignota causa.

Es así, un vitel toné que se precie necesita rodearse de palabras y pases mágicos: mi mujer cuenta de la fiesta del nene que terminó el jardín de infantes, lo hubieras visto, le puso al papá la medalla de egresado que hizo él mismo con un pedazo de lata,
estaba tan contento y orgulloso. Al mismo tiempo, mi vieja desparrama sobre la fuente un puñado de aceitunas verdes y negras picadas y manda todo a la heladera, esperando la hora de la cena de nochebuena, al otro día, en la que podrán faltar el pan dulce, el turrón, las nueces que están tan caras, la sidra o hasta algún comensal que este año no viene, pero que no falte el vitel toné, porque, si llegara a faltar, no sería la cena de navidad, sino una comilona cualunque.

Saludos a todos los que están por aquí y por allí buscando la receta del vitel toné.(20/12/2005) (Superfluos relatos)



Cómo acabar con la pobreza

Siéntese de brazos cruzados a esperar un huracán. Cuando el desastre sea inminente, no se mueva: siga sentado. Podrá ver cómo los mejores, los valiosos, los blancos y sajones protestantes abandonan la ciudad como ratas con sus autos brillantes, en vuelos de línea o con sus jets privados. No se preocupe: dejan atrás a los más pobres, montón de negros, algunos latinos. Para los que puedan desplazarse de entre ellos, señale un lugar de concentración y deje que se amontonen.

Cuando el huracan llegue, el viento desmesurado y el agua incontenible acabarán con los holgazanes y débiles de espíritu que no hayan sabido buscar resguardo y aplastarán a los tullidos que anden sueltos, a los viejos que de cualquier manera no iban a durar mucho.

Los que queden, en sus casas o en los refugios, comenzarán a ser víctimas de enfermedades, de la falta de agua, del desabastecimiento.

Entonces, la desesperación, el hambre o la ignominia de años sacará a relucir revólveres y cuchillos y comenzarán los asaltos, los saqueos, las violaciones: las bestias se matarán entre ellas.

Cuando la violencia sea una suerte de clímax o paroxismo, suspenda las actividades de rescate y mande al ejército, para que se ocupe de fusilar y matar a quemarropa a los más violentos, a los más salvajes, a los revoltosos, díscolos y altaneros.

Entretanto, en los refugios, el hacinamiento se encargará de decenas de cuerpos fragilizados por el miedo, la violencia y el hambre. Varios desesperados se suicidarán.

Cuando todo pase, la pobreza y la marginalidad habrán disminuido significativamente en el distrito y sólo habrán sobrevivido aquellos excepcionalmente fuertes. Para esos podrá tener palabras de consuelo.

Y será el momento de que sus empresas empiecen a aprovechar las maravillosas oportunidades de negocio que creará la reconstrucción.

katrina huracán mississippi louisiana new orleans nueva orleans(03/09/2005) (Superfluos relatos)



Ocaso

"...y no es justo
que a un adicto a la piel
le duela el alma..."
Para terminar, Richard Coleman.



Aurora cierra los ojos e inmediatamente es de noche.

-¿Otra vez compraste boludeces?

"Debe haber algo más", pienso. Algo detrás de la compra del supermercado. Algo más que Aurora recostada en el sofá, con los ojos cerrados, dejando que el cigarrillo que tiene entre sus dedos se queme sin fumarlo.

-Compré un montón de cositas ricas. Pensaba hacer una fondieu.

-Qué rico. ¿Trajiste vino?

-Un chardonay de Nieto Senetiner.

-Te gusta gastar plata al pedo...

Algo más. Quizás eso que llaman los fantasmas del vino o algo en la suavidad de los quesos que pronto serán una crema amable. "Sin nada parecido a palabras". De ese modo pienso en que el vago perfume de la madera que se quema en el hogar podría bastar para crear la ilusión de placidez, como el humo del cigarrillo que Aurora se lleva ahora a los labios o el sabor áspero y prepotente que imagino que debe inundarle la boca podrían bastar para crearle la ilusión de placer. Ahora le hacen abrir los ojos. Nadie puede saberlo, pero eso me estremece... Miro con ansiedad por la ventana hacia afuera, mas no: las cosas son más complicadas que en los juegos de palabras. Ahí sigue la noche.
(14/08/2005) (Superfluos relatos)



RAM

¿Vieron? El blogger ese, que escribía tan regularmente, hace unos meses que no postea nada. Ha desaparecido de los lugares que solía frecuentar, especialmente, ciertos otros blogs. Una desaparición tan paupérrima y frecuente, da lugar a un caso que no puede importale a nadie...

...es como la muerte por congelamiento de un homeless o como la célebre caída del árbol en el medio del bosque, allí donde nadie puede oirlo. Sin embargo, a pesar de la fragilidad del misterio, los interesados son dos. Tal vez nosotros dos.

Entonces se produce, entre vos que estás leyendo y este que suscribe, un tácito acuerdo para delinear la suerte del blogger. Eso, en el mejor de los casos.

Dado el mejor de los casos, puedo proponerte hipótesis de tenor diverso. Podemos suponer un suicidio o podemos suponer la muerte súbita y violenta del blogger. Podemos imaginar forcejeos silenciosos en la soledad de una tópica ciudad indiferente. Podemos vislumbrar historias de amores contrariados o traiciones grecorromanas. Nada nos impide preferir patologías obsesivas o deudas de drogas, de juego o de putas. La nómina de móviles criminales es regular y finita y su previsibilidad convierte al género policial en un milagro, una maravilla sobrecogedora e inexplicable. Podemos imaginar, todavía, que, sea cual fuere la causa de muerte que escojamos, el muerto tendrá la suerte de que el inquilino del departamento lindero (uno de esos vecinos que visten perramuses color beige, o camisetas sin mangas manchadas de salsa, o trajes impecables de neuróticos solitarios) perciba finalmente el olor a muerto y escuche en el silencio de la noche, tras la pared, el zumbido monótono de la fuente de alimentación de una PC encendida.

Llegados al momento en que los policías derriban la puerta, será de rigor mencionar que el olor a muerto se les impondrá como una bofetada, o como un muro o como algo así. Opcional es suponer la presencia de un gato que se escabullirá entre las piernas de los oficiales, que advertirán con discreto horror profesional el cuerpo mordisqueado del cadáver, las manos peladas hasta las muñecas, consuelo del minino hambriento, un detalle truculento.

Ninguno de los policías reparará en que el muerto repugnante y mutilado era blogger, ni tomará en consideración el post inconcluso que aún se leía en la pantalla (el mejor que nuestro blogger jamás escribió, de más está aclarar), en el que consta un nombre de mujer, y que se perderá irremediablemente en el desperdicio de electrones que seguirá al tirón que un oficial, en la confusión del allanamiento y en un error de procedimiento, le dará al cable de la PC, apagándola.
(21/05/2005) (Superfluos relatos)

¿Vieron? El blogger ese, que escribía tan regularmente, hace unos meses que no postea nada. Ha desaparecido de los lugares que solía frecuentar, especialmente, ciertos otros blogs. Una desaparición tan paupérrima y frecuente, da lugar a un caso que no puede importale a nadie...

Una especie de hiedra...

Es una especie de hiedra. Como tal, crece un poco desordenadamente, extendiendo su espolones para anclar en alguna superficie húmeda, apenas lo suficientemente húmeda como para seguir creciendo, indefinidamente. (¿Acaso alguien sabe cuánto puede crecer una hiedra? He visto edificios de una veintena de pisos con sus paredes completamente cubiertas).

Y si uno no se toma el trabajo metódico de podarla regularmente, la hiedra terminará por velar las ventanas e inutilizar las puertas. Ese es mi trabajo como jardinero. Cada día escojo los tallos viejos y los ápices más audaces y de un tijeretazo mantengo acotada a la bestia de las siete cabezas (no pensarán que es un error: es un deliberado juego de palabras).

A veces, cuando en este esfuerzo vano, vacío de toda esperanza y libre de todo destino, me confío y dejo volar la mente, pienso si cada rama de esta especie de hiedra es la misma hiedra, o si cada ávida radícula es el origen de un nuevo individuo, unido a la planta madre por una red de tentáculos innumerables.

Es entonces cuando entiendo mi trabajo de jardinero: en esos momentos esta especie de hiedra acelera su crecimiento.

Y de un tajo, le pongo coto.(07/05/2005) (Superfluos relatos)

Es una especie de hiedra. Como tal, crece un poco desordenadamente, extendiendo su espolones para anclar en alguna superficie húmeda, apenas lo suficientemente húmeda como para seguir creciendo, indefinidamente. (¿Acaso alguien sabe cuánto puede crecer una hiedra? He visto edificios de una veintena de pisos con sus paredes completamente cubiertas).

Lucas Pizarro, la hermenéutica, o el arte de opinar livianamente sobre el nombre que tendrán los hijos de otros

...no me disgusta Casandra, aunque la historia no es muy feliz, tratándose de una griega: Casandra fue la naifa que predijo el caballo de Troya y a la que nadie le dió bola, porque, dicen, Apolo le había dado el don de la profecía a cambio de un olímpico polvazo y parece que la mina, ni bien tuvo el don, se hizo la estrecha y lo dejó a Apolo con las bolas en la mano. De lo cual se desprende que Apolo era medio boludo y completamente masculino. Semejante afrenta merecía una maldición y luego de pajearse helénicamente, Apolo la cagó a Casandra con la jodita de poder profetizar, sí, que ya le había dado el don (o donado el dado, que debería ser lo mismo pero que por esas cosas de la lengua no lo es) decíamos, profetizar, pero sin ser tomada en serio jamás. Así, la mina se pasó la vida anunciando desgracias al pedo.

Cuando los aqueos entraron en Troya comandados por Brad Pitt, hiceron bolsa todo, como es sabido, y se llevaron a la papusa como parte del botín. Se la quedó Agamenón, que, caliente como una pipa, parece ser que es el primero que se la logra garchar. No sabemos si eso funcionó como conjuro contra la maldición de Apolo, es decir, si desde entonces Casandra pudo profetizar con eficacia o si, si siguió siendo ignorada, al menos ya no tenía visiones del futuro. En todo caso, se habrá hechado sus buenos polvos con Agamenón, que, a la postre, como se dice, le hizo dos hijos, gemelitos, a la usanza griega (¿por qué en todos los mitos griegos hay gemelos en alguna parte?).

Con esa rara organización del tiempo que tienen los griegos, todo eso pasó antes de que la parejita llegara de vuelta a Micenas, tierra del Agamenón, donde resultó que lo esperaba Doña Clitemnestra, esposa del susodicho, que, ante la bonita novedad, se cargó a los dos. (Parece que Casandra se lo había avisado al Aga, que no le creyó, para variar y demostrando inapropiada mi hipótesis sobre el conjuro por vía sexual.) Mis fuentes no aclaran si Clitemnestra se los cargó con veneno o con métodos más sangrientos, si mediante la intervención de un monstruo fantástico o de la mano de un semidiós, o si fué con la indiferencia (aunque parece que un tal Egisto, que a la sazón se la movía a Clitemnestra mientras el maridito andaba conquistando troyas, tuvo algo que ver). La cuestión es que Casandra termina bajo tierra (o en un panteón griego, chi lo sá), cosa que en definitiva nos pasará a todos y que por lo tanto me lleva a preguntarme qué tiene de especial esta historia. (26/04/2005) (Superfluos relatos)

...no me disgusta Casandra, aunque la historia no es muy feliz, tratándose de una griega: Casandra fue la naifa que predijo el caballo de Troya y a la que nadie le dió bola, porque, dicen, Apolo le había dado el don de la profecía a cambio de un olímpico polvazo y parece que la mina, ni bien tuvo el don, se hizo la estrecha y lo dejó a Apolo con las bolas en la mano. De lo cual se desprende que Apolo era medio boludo y completamente masculino. Semejante afrenta merecía una maldición y luego de pajearse helénicamente, Apolo la cagó a Casandra con la jodita de poder profetizar, sí, que ya le había dado el don (o donado el dado, que debería ser lo mismo pero que por esas cosas de la lengua no lo es) decíamos, profetizar, pero sin ser tomada en serio jamás. Así, la mina se pasó la vida anunciando desgracias al pedo.

Doppelgänger

"Todo esto no explica nada, ya lo sé. Pero todo forma parte de todo."
George Simenon, Les mémoires de Maigret.

-...bueno listo, me voy a ver a mi contador.

-Ocá... che, ¿cómo se llama tu contador?

-Floreal Mercante.

-¡No me digas!

-Si, mirá vos, llamarse Mercante y dedicarse a la contabilidad. Atravesado por el significante.

-No, no es por eso, es que yo conozco un Floreal Mercante.

-Me estás cargando. No puede haber por ahí muchos tipos que se llamen Floreal y que no hayan interpuesto un recurso legal o intentado el suicidio. Menos, dos que tengan el mismo apellido...

-Y que sean contadores... ¡demasiado!

-¿Contador también? No puede ser, deben ser la misma persona, ¿de donde lo conocés?

-De Guaminí. Era el contador del pueblo. Era muy buen tipo, en definitiva, a pesar de llevar un nombre cómico. Lo llevaba con mucha dignidad. Una dignidad contable.

-No, entonces no son el mismo. El que yo conozco vive en Floresta...

-"Floreal de Floresta". Si deja un mensaje en un programa de encuentros, pensás que el productor exageró en el bolazo.

-Ja, si, pero bueno, vive en Floresta y que yo sepa no se movió nunca de ahí.

-¿Y cómo es?

-Un tipo alto, flaco, con una cabeza rara con forma como de pera al revés, esas cabezas de extraterrestre...

-...con un gran volumen dedicado al cerebro y un mentón chiquito. ¿Medio morocho y con poco pelo?

-¡Si, igual! Al de Floresta le gusta el golf.

-No jodas... el de Guaminí era el secretario del Club de Golf.

-No, este no tiene ningún cargo, juega nomás.

-Mirá qué curioso. Bueno, che, si podés decile que lo voy a llamar, necesito ayuda para poner en regla mis cosas. Hace meses que estoy con unos kilombos que te la voglio dire...

-Oquei, este tipo es macanudo. Y no te mata con los honorarios.

-Joya, bueno, nos vemos...

-Chau, suerte.(01/04/2005) (Superfluos relatos)

"Todo esto no explica nada, ya lo sé. Pero todo forma parte de todo."
George Simenon, Les mémoires de Maigret.

Una de anacoretas

El anacoreta dejó a su sobrino huérfano al cuidado de una vecina y abandonó la ciudad. Se retiró a la montaña.

Allí permaneció unos años (unos cuantos). Practicó la ascesis y la oración. Mortificó su cuerpo físico con los rigores del ayuno y de los piojos. Dominó el arte de la levitación. Evitó la cercanía de los hombres curiosos que seguían el rastro de sus fogatas. De a poco, a su alma se abrió el camino del Conocimiento.

¿Te acordás? Fue hace un par de semanas que lo cruzamos en la calle y creyó reconocernos. Nos detuvo para contarnos su historia. "He hablado con Dios y con el Diablo", nos dijo, incapaz de hallar un rasgo terminante que le permitiera juzgar cuál de nosotros podía ser el sobrino que buscaba.(14/03/2005) (Superfluos relatos)

El anacoreta dejó a su sobrino huérfano al cuidado de una vecina y abandonó la ciudad. Se retiró a la montaña.

Tango de obstáculos

En 1945 la orquesta de Lucio Cavalleri fue contratada para tocar en el Club Social y Deportivo Unidos de Brandsen, de la ciudad de Berazategui. El contrato establecía el compromiso de realizar cuatro presentaciones a lo largo de sucesivos fines de semana del mismo mes, un mes de 1945.

Cuando los músicos llegaron al salón que se había previsto utilizar para la milonga, encontraron un espacio que había sido sucesivamente depósito, cancha de bochas y gimnasio. Sobre el lado sur, opuesto a un gigantesco ventanal por el que cada mediodía debía entrar a sus anchas el sol de la pampa, un entablonado montado sobre cajones de cerveza cumplía el papel de escenario.

Los 22 músicos de Cavalleri armaron sus atriles y observaron el desorden del salón. Veinticinco cajones de salto, ocho docenas de cajones con botellas vacías, unas 67 sillas en diferentes estados de conservación, cuatro mesas de ping pong, dos redes de volley ball enrolladas, 12 bolsas de pelotas, 16 mesas redondas tipo bar e incontables trastos varios ocupaban el suelo, amén de las argollas y trapecios que colgaban del techo, poblando también el espacio aéreo. Los músicos afinaron sus instrumentos y comenzaron un breve ensayo. El cantor, Rómulo Sagaldi, sintió una leve carraspera a causa del polvo y del viento que se colaban por el ventanal y por la puerta que daba a los vestuarios.

Cuando llegó la noche, los 22 músicos de Cavalleri encontraron el salón exactamente en el mismo estado en que lo habían visto por la tarde, con excepción del improvisado mostrador destinado al expendio de bebidas alcohólicas. Cavalleri advirtió las conversaciones sarcásicas de los violinistas y un par de comentarios de aires etnológicos de su primer bandoneón.

El público comenzó a llegar a eso de las 22 horas y fueron llenando el salón, acodándose en los cajones de salto o utilizando los cajones de botellas como bancos. Supieron más tarde, al hacer las cuentas con el representante de la Comisión Directiva, que 233 personas habían pagado su entrada.

A las 22:45 recibieron la indicación, por parte del Tesorero, de comenzar a tocar. Rómulo Sagaldi envolvió el salón con su voz grave y aterciopelada, con erres levemente orientales. Desgranó una docena de tangos canción y tres o cuatro valses criollos. Arrancó expresiones de honda emoción cuando, sólo con el guitarrista, interpretó unas milongas sureras.

Luego de un intervalo de 15 minutos, en el que la orquesta completa vació dos garrafones de grapa, acometieron sin ambagues la sección bailable de su concierto.

Las damas, a las pocas notas, comenzaron a llevar el compás con los dedos de una mano en el envés de la otra, cruzadas sobre las piernas. El contrabajista empezó a notar las miradas masculinas que escogían la mujer para bailarla.

El primer cabeceo lo dió un morocho alto y flaco. La elegida era tan alta como él, de piernas largas y de belleza difusa, casi esmerilada. Al rato, 62 parejas se afanaban en el centro del salón, obligadas a evitar los objetos que el enorme espacio guardaba.

La creatividad de los bailarines fue puesta a prueba. Los ochos eran utilizados para sortear una botella que, de golpe, se interponía entre la pareja. Salidas hacia atrás eran obligatorias cuando una caminata de se interrumpía por la mesa ping pong.

Rómulo Sagaldi tuvo, promediando la noche, una inspiración. Tanta creatividad y gracia merecía un premio: al final de la noche se elegiría a la pareja campeona del Primer Campeonato Argentino de Tango de Obstáculos. El Presidente de la Comisión Directiva estuvo de acuerdo en regalar un lechón al caballero y una sesión de manicure para la dama ganadores, que serían elegidos por aclamación.

Al final de la noche, cuando ya no quedaba ni grapa, ni caña, ni licor de mandarinas, los presentes consagraron ganadores a un paisano de la estancia de los Estévez, bailarín viril y seguro, de gracia acompasada y compadrita, que bailara a una dama de cabellos ensortijados y de hombros hermosos.

El éxito de la idea se comprobó el fin de semana siguiente, cuando la presencia de 332 parejas elevaron el nivel de dificultad de la competencia.

Hoy, la Comisión Argentina Pro Tango de Obstáculos "Rómulo Sagaldi", brega por la recuperación de esta disciplina, opacada por el tango espectáculo, adolescente de estéril exhibicionismo acrobático, y por su reconocimiento como disciplina olímpica, al mismo nivel del judo o la gimnasia artística.(30/10/2004) (Superfluos relatos)

En 1945 la orquesta de Lucio Cavalleri fue contratada para tocar en el Club Social y Deportivo Unidos de Brandsen, de la ciudad de Berazategui. El contrato establecía el compromiso de realizar cuatro presentaciones a lo largo de sucesivos fines de semana del mismo mes, un mes de 1945.

Erico, el que viene a veces

Erico viene a casa a veces, a las perdidas. Pasa horas fumando un cigarrillo y mirando la nada, que se encuentra a mitad de camino de las cosas (Heidegger hubiera querido tener los ojos de Erico para encontrar la respuesta a la pregunta que le interesaba), mientras, yo sigo cortando el pasto o haciendo nuevos agujeros para poner tornillos de los cuales colgarán estantes o cuadros.

De repente charlamos sobre temas banales, como el pasto, que este año vino raleado, claro, capaz que fueron las heladas, tan fuertes, si, que en casa hace unos días estaba todo blanco que parecía nieve, che, cuidado que ese cuadro te está quedando torcido. ¿No tendrá pulgas el gato? No, el veterinario me dijo que es una alergia. ¿Dónde se ha visto un gato alérgico, eh?

En algún momento Erico se parará frente a mi colección de CD's y se perderá unos minutos. Lee los lomos, busca, repasa, rememora. De repente escoge un CD. ¿Me lo prestás? Claro, llevalo nomás.

Pasarán meses hasta que venga a buscar otro CD. Hablaremos de música, del gobierno y del pasto.(10/09/2004) (Superfluos relatos)

Erico viene a casa a veces, a las perdidas. Pasa horas fumando un cigarrillo y mirando la nada, que se encuentra a mitad de camino de las cosas (Heidegger hubiera querido tener los ojos de Erico para encontrar la respuesta a la pregunta que le interesaba), mientras, yo sigo cortando el pasto o haciendo nuevos agujeros para poner tornillos de los cuales colgarán estantes o cuadros.

Poética y hermenéutica

En diciembre de 1997, investigadores de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de La Plata hallaron en los archivos de esa casa de estudios una carta (en realidad, la última hoja de una carta) en la cual el poeta Octavio Pardo retrucaba al desafío de un poeta cuyo nombre permanece ignorado.

Varios historiadores suponen que la carta debió estar dirigida a Ramiro Ordóñez, amigo de Pardo, con el que compartía experimentos literarios que luego firmaban con el seudónimo Bustos Grandés, en burda y obvia mofa que el lector sabrá disculpar, y que explica el pobre suceso obtenido por la empresa.

"...acepto el envite de elaborar un poema a partir de ese verso popular.

Lo primero es afinar el metro, así que sugiero los primeros versos como:

"Una vieja y un viejito
se encontraban en un pozo"

con lo que ambos quedan octosilábicos, el metro característico de la poesía popular en español.

El siguiente puede ser un verso libre, siempre que el cuarto tenga rima consonante para conservar la clásica estructura ABCB, que en este caso busca forzozamente la palabra "carozo", por lo que una opción pueden ser:

Una vieja y un viejito
se encontraban en un pozo
y el viejito disfrutaba
de sobarle el carozo

De este modo, tenemos la primera estrofa, en la cual creo que queda expresada con audacia el tono y el tema de esta nueva obra.

¿Qué más? Un abrazo.

Octavio"

Búsquedas recientes sacaron a la luz una versión posterior de la primera estrofa del poema que la crítica comienza a llamar "Los viejos", a falta de un título establecido por el autor.

En la versión encontrada, el poeta abandona cierto encorsetamiento que lo ató, en la primera, a las estrictas formas de la cuartilla popular:

"Un viejito y su viejita
se encontraban en el foso
y el viejito se esforzaba
en sobarle, a la vieja,
el carozo."

En esta nueva solución el poeta corrije la discontinuidad formal surgida del hecho de usar el diminutivo tan sólo en uno de los sustantivos presentes en el primer verso (recuérdese que la versión anterior rezaba "una vieja y un viejito...")

De este modo se sutura una falla formal ligeramente chocante. Además, el pronombre posesivo anuncia ya en el primer verso la existencia de un cierto lazo entre el viejo y la vieja.

El autor trasciende, entonces, la cuartilla y experimenta con una estrofa de cinco versos, rematada con un verso en pié quebrado que, sin alterar sustancialmente el ritmo de la composición, le agrega un cierto dinamismo imposible de lograr en una simple cuartilla.

Como consecuencia de este hallazgo formal, que permite de paso resolver el problema de que, en la versión anterior, no existía nexo lógico ni formal entre el carozo y la vieja, como se le invitaba a suponer al lector, la estructura de la rima queda establecida como ABCDB, desafío que el poeta asume con gracia.

Nótese que también se ha cambiado "pozo" por "foso", al que además se califica con el artículo determinado "el", lo cual, como se verá, no es consecuencia de un esteticismo manierista sino una forzosa reformulación.

Críticos sagaces han cuestionado el hecho de que el poeta no exprese al inicio de su poema las razones por las cuales los sujetos se encuentran en un pozo. Sin embargo, el misterio se devela en la estrofa siguiente, creada evidentemente luego de que el poeta resolviera los aspectos formales y estilísticos analizados precedentemente y donde se lanza a explotar la forma escogida:

"(al entrar la vieja enclenque
al taller de aquel tramposo
una mano traicionera
con un golpe, a la fosa,
arrojolo)"

Se revela aquí el apuro con que fue compuesta esta estrofa, donde la dictadura de la rima obliga al poeta a violar dramáticamente la ley de concordancia de género entre el sustantivo que sirve de objeto al segundo verbo ("vieja", objeto de la acción "arrojar") y el pronombre que lo reemplaza (en este caso el enclítico "lo", donde debería ser "la"), amén de que la opción por una rima asonante ("oso" con "olo") debilita sin dudas la gracia formal lograda en la estrofa anterior, de rigurosa rima consonante.

Sin dudas, y como revela la irregularidad de la caligrafía, el menor de los hijos del poeta reclamaba su turno para hacer uso del excusado, interrumpiendo la visita de las musas.

Conocedores de la opción que el poeta tomara para esta obra por un clasicismo riguroso, violencias lingüísticas como la mencionada deben haberle quitado el sueño por largas jornadas.

Confiamos en que la intervención de otros estudiosos y eruditos saquen a la luz nuevos documentos que den cuenta de las soluciones encontradas por nuestro genial bardo.(28/07/2004) (Superfluos relatos)

En diciembre de 1997, investigadores de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de La Plata hallaron en los archivos de esa casa de estudios una carta (en realidad, la última hoja de una carta) en la cual el poeta Octavio Pardo retrucaba al desafío de un poeta cuyo nombre permanece ignorado.

Delicias del país éste

Lucas Pizarro y sus percepciones del progreso.

"¿Recuerdan la manzana de mi casa? Bueno, si no es el caso, imaginen que ese cuadrado forma parte de un cuadrado mayor, compuesto por cuatro manzanas, dispuestas dos por lado, quedando mi casa en el centro de uno de los lados del tal cuadrado mayor, digamos que el lado inferior. El tal cuadrado queda, dado el trazado habitual de las calles en la región, atravesado por una cruz cuyos brazos unen cada lado con su opuesto (esas líneas deben tener un nombre en geometría, que no recuerdo).


Quizás lo recuerden: el cuadrado que menciono está circunscripto por calles asfaltadas, pero la cruz interior está compuesta por unas tradicionales y bucólicas calles de tierra, dominio de las siestas de los perros.


Y debería decir "estaba", porque hace unos días nos encontramos entorpeciendo el tránsito a unas de esas gigantescas maquinarias amarillas que suelen emprender la tarea de nivelar las calles para luego asfaltarlas, tarea que se ha comprobado iniciada al poco rato.


¡Joya! Van a asfaltar la calle de mi vecino, me alegro por él, lástima que los vecinos hace años que estamos pidiendo que se asfalte la calle principal del barrio, a la sazón, el lado derecho del cuadrado de marras, cuyo asfalto termina en el vértice inferior derecho del cuadrado tal como lo venimos imaginando y cuya proyección (la del lado derecho) aún más hacia abajo, hasta donde la tal proyección se topa con el arroyo que pasa por ahí, aún es de tierra, y que pedimos asimismo que se coloque ahí, donde la calle es interrumpida por el citado curso de agua y pasando por sobre dicho curso, un puente para pasar al barrio vecino.


También hace años que estamos pidiendo que se asfalte ese tramo ridículo de dos cuadras de tierra que la calle principal tiene en mitad de su recorrido, interrumpiendo la conexión asfáltica entre nuestro barrio y el centro de la ciudad y que nos obliga a dar rodeos absurdos para entrar al barrio por vías laterales en lugar de usar ese acceso directo.


Para colmo, una vez iniciadas las tareas, notamos que lo que se disponían a asfaltar era TODA la cruz interior al cuadrado, es decir, dos calles, dos cuadras cada una. Extraño, ¿no? Ante esa extrañeza, Cecilia, una vecina combativa, de esas que todos los barrios necesitan y toleran con cierta condescendencia mientras sea útil y no se zarpe (en el lábil y siempre objeto de disputa intervalo que corresponde a lo que cada barrio establece como "un zarpe"), "movió sus contactos" y fue a ver al delegado municipal. Según contó, el tipo llamó a un fulano, aparentemente responsable del tema asfáltico y lo increpó, en presencia de la reclamante, de la siguiente forma:"¿A quién le estás asfaltando la calle, vos, eh?": asfaltar esas calles no formaba parte de ningún plan vial en curso elaborado desde el municipio o la delegación.


Conclusión: parece que un notable del espectro peronista ha comprado unos lotes que se encuentran en una, o cerca de una de las esquinas del centro del cuadrado y pidió gentilmente que le asfalten los accesos. En esa forma ha llegado el progreso al barrio.


Un país en serio."

(01/07/2004) (Superfluos relatos)

Lucas Pizarro y sus percepciones del progreso.

A veces no pasa nada

-¿Otra vez?

-Otra vez.


El perro hizo un pozo ridículo en medio del patio y se quedó mirándolo.

-¿Otra vez?

-Si, de nuevo.

El tiempo se hace un pozo y el perro se sienta y mira. Mario le tira galletitas y la pelota de tenis babeada y destruida. El perro hizo un pozo ridículo en medio del patio y se quedó mirándolo.

-¿Otra vez?

-Otra vez.



(16/03/2004) (Superfluos relatos)

-¿Otra vez?

-Otra vez.


El perro hizo un pozo ridículo en medio del patio y se quedó mirándolo.

Caldo

Don Embargo huyó, ya muerto, por tierras amazónicas luego de ser lanceado por los hombres del rey Cuhautemoc Cárdenas.

Habríaselo visto como alma en pena en la margen izquierda del Orinoco. Exploradores sagaces reconocieron en ciertos espíritus malignos que los nativos mentaban el rosotro pálido y crispado del adelantado muerto en lucha desigual, víctima de traición y malaria.


La Nueva Granada es grande y un viejo chamán asegura haber dado a un espíritu español, llagado de sed y de podredumbre, una poción de raíces y tierra aluvial para calmar una mala muerte y dotar a sus pies de entidad suficiente para poder seguir vagando por tierras de indias.


Bajo tortura, el chamán renegó de sus dioses y escupió la tierra de la Nueva Granada, donde la sangre de su madre se había derramado hasta vaciarse de sí y del otro que ahí nacía. Pero juró que el espíritu del español, herido de traición, sería la carne de su venganza.


El chamán murió en forma definitiva y única. Repartieron su miembros cortados entre los perros del convento y con sus dientes jugaron los hijos de los indios que arrastraban sus lomos reventados en las minas de plata.


El verdugo que le cortó la lengua fue enviado a Caracas. En el camino la caravana fue asaltada por una horda violenta. Eran tiempos de luchas parejas y los españoles se defendieron con bravura, aunque con tecnología similar a la de sus atacantes. Pesadas alabardas y espadas y floretes fueron el botín que los arcos y las flechas obtuvieron esa tarde.


Y alrededor de 300 kilos de carne blanca y sudorosa, tiernizada por el stress y el miedo y los golpes de puño.


Antes de morir en el agua hirviente, el verdugo que le cortó la lengua al chamán alcanzó a ver como el agua se llenaba de una presencia triste y alcanzó a escuchar una voz castiza que se lamentaba. Quizás fue el dolor insoportable, pero vió el rostro de Embargo de las Casas convertirse en sabroso caldo antes de que él mismo quedara reducido a sabor y condimento.


Dirán los indios varias veces que por cada español que devoraban, el espíritu a la olla descendía para morir otra vez, sazonado.


Sin embargo, los caldos perderán su gracia, ya que el adelantado logrará llegar a España a buscar a la media docena de cobardes que lo dejaron en prenda para evitar la muerte y las lanzas.


(01/03/2004) (Superfluos relatos)

Don Embargo huyó, ya muerto, por tierras amazónicas luego de ser lanceado por los hombres del rey Cuhautemoc Cárdenas.

Peces

Amanece en el desierto y aparece un pescador imposible. Trae peces...








(17/02/2004) (Superfluos relatos)

Amanece en el desierto y aparece un pescador imposible. Trae peces...

Pastimosas

De los animales con hábitos parsimoniosos, las pastimosas cuentan con el raro privilegio de ser aquellos cuyo acto reproductivo supera en lentitud a la pasmosa cópula del rinoceronte.

En el caso de las pastimosas, superadas las inevitables complicaciones  del cortejo, nunca más duraderas que la quietud de una mosca sobre la tapa de una pava de agua para el mate, el pastimosa macho procede a lamer detalladamente el sexo de la pastimosa hembra. Esta operación, que se inicia luego de separar con el hocico el vello púbico hasta dejar al descubierto la vagina, se extiende por varias semanas. En este período, la pastimosa hembra pierde paulatinamente la noción del entorno circundante.


La penetración, por su parte, puede demorar, desde el primer contacto del miembro hasta su completa introducción, cerca de 32 horas, período que puede aumentar sensiblemente en el caso de ejemplares jóvenes.


Indiscutiblemente, el lapso desmesurado que transcurre desde entonces hasta la consecución de los respectivos orgasmos (de una duración de 17 horas y que suelen producirse en las noches cálidas de principios de enero) es una de las principales causas de la extinción de las pastimosas, que han sido sorprendidas en pleno acto amatorio por las pocas glaciaciones que la historia natural registra.


(10/01/2004) (Superfluos relatos)

De los animales con hábitos parsimoniosos, las pastimosas cuentan con el raro privilegio de ser aquellos cuyo acto reproductivo supera en lentitud a la pasmosa cópula del rinoceronte.

El fabricante de espejos

El arte de fabricar espejos era, en sus inicios, un arte delicado pero sucio. Exigía el trato con cristales frágiles y la manipulación del mercurio y del estaño, metales que contaminaban de a poco el cuerpo de los artesanos.

Los más célebres fabricantes de espejos exportaban sus maravillas desde Venecia. Pero Venecia era además un estado guerrero. Cuando la ciudad entró en guerra con el turco para detener su avance en los Balcanes, se encontró peleando del mismo lado que los ejércitos rumanos del príncipe Vlad III, rey de Valaquia. Petre Wajcescu era vidriero y no conocía el arte de fabricar espejos. Era uno de los tantos rumanos que habían sido arrastrados por la leva y habían quedado entre las tropas del Príncipe Radu, quien, en alianza con el turco, quería arrebatarle la corona de Valaquia a su hermano Vlad, entregando de esa manera el control de los Balcanes, las puertas del Sacro Imperio Romano Germánico, al Imperio Otomano.


El Papa no podía permitirlo, por lo que ejércitos de toda Europa enfrentaron al Sultán. Naves venecianas recorrieron el Adriático hostigando a los buques turcos. Una nave de la armada serenísima capturó el bajel (uno de tantos) en el que se hallaba Petre. Fue liberado a su suerte en tierra de la República cuando convenció a los oficiales de la nave de que era un cristiano prisionero del infiel. Abandonado en Venecia, encontró trabajo como vidriero en el taller de un fabricante de espejos, a cambio de casa y comida.


Ahí Petre aprendió a mezclar el estaño y el delicado mercurio. Aprendió a aplicar al cristal los paños de lana para fijar el azogue, desde ese momento, invisible al mirar el espejo.


Luego de violar a la hija de su maestro, huyó de Venecia y emprendió el regreso a Bucarest. Petre se instaló en Targoviste, la capital del reino, y llegó a ser el único fabricante de espejos de los Balcanes. El único que sabía cómo evitar que las pesas de hierro que sostenían los paños rajaran los vidrios.


Una noche, tres lacayos pálidos llegaron a su taller a encargarle la fabricación de 72 espejos. Su señor quería poblar con ellos los recintos de su castillo de Poenari, para que las aguas tristes del Arges se multiplicaran en el interior de la fortaleza (como si pudiera de ese modo quitar las manchas impresas por la sangre de los boyardos que mandara a morir en su construcción).


72 era una cantidad que el modesto taller de Petre, donde sólo él trabajaba, difícilmente podría producir en el tiempo que se le ordenaba, pero no podía negarse: su señor era terrible (lo supieron 20.000 prisioneros turcos que colgaron empalados a las puertas de Targoviste, sacrificados para aterrorizar a los generales enemigos y evitar una derrota segura).


Una vez iniciados los trabajos, el príncipe en persona visitó una tarde el taller para conocer al artesano, el único vidriero de su reino capaz de fabricar espejos. Vlad se paseó (la larga capa negra de la orden del Dragón) entre los espejos ya terminados, aún sin enmarcar, sin pronunciar palabra, mientras Petre temblaba de terror. Al partir, prometió pagar un precio que ningún artesano de Valaquia hubiera imaginado obtener por su obra, si se cumplía con el plazo. Petre no necesitó más para entender las consecuencias de lo contrario.


Fue esa tarde que Petre comprendió, además, que su trabajo, esforzado y eximio, no sería jamás apreciado por nadie.


El plazo impuesto vencía cuando la última gota de mercurio excedente había escurrido ya de los cristales. Había logrado 72 espejos a tiempo (y había pensado en lo arbitrario del número durante las muchas mañanas que dedicó a elegir las mejores láminas de vidrio). 72 espejos perfectos, incapaces de la más mínima distorsión, en los que había invertido todo lo que los venecianos le habían enseñado y todo lo que él les había robado antes de huir de Venecia.


Los lacayos pálidos terminaron de cargar 72 impecables cristales en 18 carruajes tirados, cada uno, por 3 caballos (estaba previsto que algún cristal se rompiera durante el viaje a Poenari). Pagaron la suma convenida y el vidriero no pronunció una palabra, a pesar de haber salvado la vida y de haberse convertido en el artesano más rico de Valaquia.


Petre Wajcescu, de oficio vidriero, fabricante de espejos, había descubierto que, como el azogue, su amo, Vlad III El Empalador, hijo del príncipe Dracul, vaiboda de Valaquia, no se vé cuando se lo busca en el espejo.


(24/11/2003) (Superfluos relatos)

El arte de fabricar espejos era, en sus inicios, un arte delicado pero sucio. Exigía el trato con cristales frágiles y la manipulación del mercurio y del estaño, metales que contaminaban de a poco el cuerpo de los artesanos.

Las fanfarronadas sexuales de Lucas Pizarro

En el bar de Marcos la banda había terminado de tocar. Entonces Lucas citó a un amigo: "mentir hazañas es la mejor parte de la conversación", dijo que dijo y todos estuvimos de acuerdo.

"-¡Potro! ¡Divino! ¡Te amo!


Dos adolescentes en moto suelen gritar este tipo de cosas.


-Bajensé, che...


Me salió seco y cortante. A pesar del tránsito y de que iban por la mano contraria a la mía, las flacas pararon la moto.


La verdad que no me sentía de lo más seductor con mi bolsa del supermercado caminando por la banquina de esta avenida interurbana, en el medio del descampado paralelo a las vías, pero aún así puse la sonrisa menos ridícula que se me ocurrió y me dispuse a esperar a ver si las pibas se me acercaban o volvían a iniciar la marcha.


La inercia nos había separado 150 metros, pero en un alto del tránsito las minitas cambiaron de mano y se me acercaron.


Traían la moto de tiro y me dieron tiempo de observarlas. En realidad, se tomaron el tiempo de observarme, venían cuchicheando entre ellas. La que manejaba la moto, y que ahora la traía a la rastra, era mas bién rubiona, de ese castaño claro típico de las criollas nietas de italianos del norte, de rasgos regordetes, y si bien no era gorda, se veía más redonda de lo que podría llegar a la tapa de una revista. Traía una campera de jean celeste y un pantalón de jogging gris. La amiga, visiblemente nerviosa, no paraba de murmurarle al oído. Era más morocha, de rasgos angulosos y punzantes. Era muy bonita y muy flaca. Traía un pantalón tres tiras azul y el pelo negro recogido.


-Mirá, la verdad no creo que se trate de amor.- dije queriendo hacerme el vivo. Se rieron pero no dijeron nada.


-Si son tan guapas, vamos a hechar un polvo de parado acá, en el descampado.- dije, buscando la forma más soez. La rubia pareció excitarse.


-¿Y podrás dejarnos contentas a las dos?. - La amiga le tironeó de la campera y le dijo a media voz "¡¡Pará, boluda!!".


-Eso depende también un poco de cuanto te esmeres.. - le respondí, sintiendo que toda la literatura erótica y el cine porno eran incapaces de brindarme un repertorio apenas apropiado para no parecer un pelotudo. Así que me dispuse a hacer de pelotudo. Estas pibas no estaban buscando un Brad Pitt que les hiciera un lindo verso, lo cual me daba ventaja.


-¿Te gusto? - me dijo la rubia.


-No se trata de eso. Se trata de que me calientes bien. - si no se cagaba de risa ante el insulto y se subía a la moto, ya tenía el polvo asegurado.


Se sonrió. La amiga se le acercó al cuerpo y le volvió a tirar de la campera.


-Vamos- dijo la dueña de la moto.


-¿Tu amiga viene también?


-Dale, vení, boluda.


En ese momento se me hizo un nudo en el estómago. No tenía forros encima. Había un kiosco en frente, pero iba a tardar una eternidad en ir y volver. Y las flacas se iban a rajar. De todos modos, a fin de probar que soy un pelotudo, me lancé.


-Ahora vengo.


Y me mandé a cruzar la avenida. La mano en que estábamos fue fácil, pero de la otra mano circulaba la enorme masa de gente que volvía de la capital.


Me dí vuelta a ver si había errado la apuesta y ví a las pibas cuchicheando, serias, tensas. Volví a girar sobre mí y esperé un hueco en el tránsito para cruzar.


Compré los forros y me dispuse a volver donde estaba las minitas. Las veía reírse y empujarse nerviosamente. Un "boluda" cada tres palabras.


-Bueno, vamos allá, debajo de las vías.


Ya estaba anocheciendo y no hacía mucho frío. Debajo del puente la rubia dejó la moto en el suelo y se quedó dura. No sabía como seguir. La amiga la miraba a ella y a la moto.


Me acerqué a la rubia y le dí un beso en el cuello. Pensé que la presión arterial me haría explotar los tímpanos. La piba inclinó la cabeza para dejarme hacer. Le empecé a sobar una teta. Una teta grande.


La tomé de una mano y me acerqué a la amiga. El mismo plan. Le besé el cuello. Me abrazó.


Buscamos el lugar más oscuro debajo del puente y nos tiramos al suelo. Estaba húmedo, pero no nos iba a importar llegados a ese punto.


Le agarré la mano a la morocha y se la guié a mi bragueta. Mientras besaba a la rubia, la morocha me empezó a pajear. Tenía una mano chica, huesuda, sentía sus falanges finas alrededor de mi pija y me la empezó a mover un poco bruscamente. Las manos de mujer suelen ser torpes para pajear, pero ese es el encanto: la falta total de pericia y acomodación.


Yo le seguía sobando las tetas a la rubia. Le levanté la remera y le corrí el corpiño hacia arriba, sin desprenderlo. Las tetas le quedaron ligeramente aplastadas. Se las empecé a chupar. La piba retorció levemente la espalda y lanzó un suspiro. La otra empezó a buscarme el rostro y me besó, buscando mi boca. Quería apartarme de la amiga. Yo acepté el cambio y dejé de chuparle las tetas a la rubia, que se incorporó y bajó a chuparme la pija.


Es difícil describir como es una boca cuando te chupa la pija. Tenés la sensación de estar completamente abrazado, en la medida de que tu ego acepta permanecer apegado a tu poronga. Tenía una boca cálida y labios fuertes. Subía y bajaba con suavidad y con la punta de la lengua me acariciaba el anillo del glande.


Intenté tocarle las tetas a la morocha, pero me rechazó con firmeza. Me alcanzó para notar que casi no tenía tetas. Me agarró las manos y las llevó a su entrepierna. Me gusta acariciar conchas vestidas. La bombacha les dá una forma suavemente curva y una densidad carnosa y tupida. Empezó a mover la pelvis en vaivén.


La amiga giró y me dejó el culo cerca de la otra mano. Entendí el mensaje y le bajé el pantalón y la bombacha. Interrumpí los besos que le daba a la morocha para mojarme la mano con saliva.


Le metí dos dedos en la argolla a la rubia.


-Está argolla no está muy caliente todavía...- dije, inspirado. La flaca suspiró y empezó a mover el culo en círculos, jugando sola con mi mano.


-¿Me la chupás? - dijo la morocha, casi con miedo.


-Dale.


Se incorporó y se sacó una pierna del pantalón. Yo me recosté, sin sacar la mano de la concha de la amiga, que me estaba lamiendo las bolas.


La morocha puso una rodilla a cada lado de mi cara y empecé a chuparselá. Tenía un clítoris chiquito y puntudo. Sabía a vinagre y limón. La piba puso las manos en el suelo, inclinada hacia delante.


La amiga le metió un dedo en el culo. La morocha suspiró, largamente, varios segundos de exhalación lenta. Se movía lindo. Bailaba en cada movimiento.


La rubia tenía la concha cada vez más mojada. El flujo era denso, una crema que se me adhería en los dedos. "Hasta sacarle espuma". Me vino la frase de Miller en uno de los trópicos. Y me calenté más. Y le metí otros dos dedos. Ya le tenía metida media mano.


La rubia empezó a hacer un ronroneo suave y continuado. Una vibración de baja frecuencia me sensibilizó la punta del choto.


Estuvimos así un rato.


-Quiero que me la metas. - dijo la rubia. Y se incorporó y se sentó sobre mí, abrazando a la amiga por detrás. La morocha se dejó agarrar las tetas ahora.


Yo estaba recaliente.


-Pará - le dije a la rubia - En mi campera hay unos forros, poneme uno...


La piba se inclinó sobre mi campera sin sacarse la pija de adentro.


La morocha me empezó a agarrar la cabeza y me empujaba contra su concha.


La rubia se separó de mí y me agarró la pija. Ya había sacado el forro del estuche y me lo puso. Me movió la poronga con las manos tres veces, rápido, fuerte.


Creí que acababa, pero pude resistir. Volvió a sentarse sobre mí y se metió la pija despacio. Yo sentí su concha abrirse de a poco para recibirme.


Volvió a agarrar a la amiga por las tetas. Yo le acariciaba la cintura y el ombligo. Llevé mi mano por su espalda y le metí un dedo en el culo. Me apretó la cabeza más fuerte contra la concha. Casi la muerdo.


Tenía olor a vinagre y limón por toda la cara.


-Pará rubia, quiero saber que gusto tenés.- dije al rato.


Así que cambiamos. La morocha se me sentó encima y se metió la pija bien adentro, de un solo golpe, con voracidad de predador abisal.


La rubia tomó su lugar sobre mi cara. Tenía el clítoris grande como una frutilla, e igual de duro. Fue un placer chupársela. Tenía un sabor como de nuez moscada y ácido de frutas.


Se quedó quieta. La morocha empezó a saltar sobre mí. Se sacaba y metía la pija entera en cada empujón. Yo sentía su carne abrirse violentamente.


La rubia sonreía, porque los saltos de la amiga imprimían a mi cara unos movimientos abruptos y sorpresivos.


Yo dejé la boca y la lengua quietos en una posición, las manos a los lados, para sostenerme. Yo ya no estaba ahí. Las pibas estaban cogiendo solas.


La morocha empezó a gritar ahogadamente. Iba a acabar. La rubia sonreía, inmóvil, las manos en las tetas, apenas sosteniéndolas, sin presión.


La rubia hizo una mueca y sentí como su vientre se estremecía, desde lo más profundo, un sacudón rápido. Acabaron juntas. La morocha con un grito retenido y sin parar de saltar. Siguió metiéndose y sacándose la pija por un rato más. Yo acabé. Un estremecimiento en todo el cuerpo y un enorme calor en el glande.


La morocha aflojó las piernas y dejó su peso sobre mí. Empezó a frotarse el clítoris contra mi vientre, despacio, sin sacarse la pija de adentro.


La rubia me acarició el pelo y se retiró hacia un costado, quedando arrodillada. La miró a la amiga, que con los ojos cerrados, seguía con su danza suave.


Agarró su pantalón y se acomodó el corpiño.


-Vamos, che.- le dijo a su amiga, que recién ahí pareció despertarse. Se incorporó y también se acomodó la ropa.


Yo me levanté el pantalón y me lo prendí. Todo en total silencio.


No cruzamos una palabra. La rubia levantó la moto y encaró para la avenida. Salimos juntos de abajo del puente.


Cuando llegamos junto al asfalto la rubia prendió la moto. Atrás se sentó la morocha.


-Chau.
-Chau
-Chau


Se alejaron hacia el pueblo y alcancé a ver que no cruzaban palabra.


Yo seguí caminando, con la bolsa del supermercado en la mano y una buena historia para fanfarronear con mis amigos."


(07/11/2003) (Superfluos relatos)

En el bar de Marcos la banda había terminado de tocar. Entonces Lucas citó a un amigo: "mentir hazañas es la mejor parte de la conversación", dijo que dijo y todos estuvimos de acuerdo.

"Love rears its ugly head"

Lucas Pizarro no olvida. Lucas Pizarro no escribe en una hoja en blanco.

Lucas Pizarro usa un papel viejo, un galimatías de señales viejas, criptogramas de claves olvidadas, garabatos de ideas prestadas. Él escribe en los intersticios porque ya no hay más que ese papel. Juego de rol. La línea puede empezar aquí, rodear un smiley, adelgazarse para atravesar un párrafo tachado, pegar un ligero salto para salvar la lista del supermercado.


Lucas Pizarro, dijimos, no olvida. Y ahora tiene en mente un viejo R.T. Márquez, campeón de otros tiempos, rival íntimo y silencioso. R.T. Marquez murió de espanto, tieso y transparente un día que el sol despiadado lo arrebató de una psicosis murcielaguil que lo mantenía en una cadena de frío y lo arrojó de un solo gesto a la ribera tibia del tiempo a esperar la disolución, como corresponde a un buen cristiano.


A veces, Lucas Pizarro se cruza con R.T. Marquez y se saludan apenas cortesmente. No parecen justificar ahora las cornadas de toros jóvenes y se dejan pasar como quien dejara pasar, sin prestarle atención, un volante de propaganda en el que Dios ofreciera créditos de eternidad a titulares de tarjetas de crédito.


Pero eso no es olvido. Es una forma cruel de presencia que señala el primer acto de disolución del que Lucas es conciente. Seguramente la disolución empezó antes, pero él era demasiado joven para notarlo. Nadie vé la disolución cuando tiene llenas las bolas de esperma caliente, y Lucas Pizarro tenía entonces las bolas llenas, y RT tenía las bolas llenas, y el que las tuviera más llenas escupiría más lejos, allá, en aquel marasmo que se sitúa delante, adonde apuntan los falos del mundo, y donde el fruto del vientre surgiría solo para gloria eterna como vegetal risomatoso que hace brotar su nueva y misma cabeza unos centímetros más allá...


La letra pequeña de Lucas Pizarro se hace más chiquita a medida que avanza su cuento. Je, ¿avanza, dije? Avanza, escala, desenvuelve, des-envuelve, trepa, retrocede, escarba, body pierce...


(29/10/2003) (Superfluos relatos)

Lucas Pizarro no olvida. Lucas Pizarro no escribe en una hoja en blanco.

363 cerebros

"...¿que tu y yo estamos locos, Lucas?.."

Nosotros tenemos conflictos más o menos neuróticos (y eso depende más que nada del observador) Y un rito neurótico que se precie del tal no puede prescindir de palabras mágicas. Nosotros sabíamos que algo fallaba.


Rellenamos entonces los cálices y sobreiluminamos los altares. Nos reunimos varias veces al día a ensayar los rituales, tanto era el temor de fallar cuando llegara el gran momento. Ejecutábamos los movimientos mandados con paranoico placer por los números. Medíamos mentalmente cada milímetro recorrido por nuestros brazos, nuestras piernas, y calculábamos las relaciones mágicas que encierran los números: lográbamos hacer aparecer magistralmente onces, sietes, tres y cada número místico que nos viniera en gana munidos de una matemática rígida como cerebros de monos y falaz como amistades eternas.


Y no parábamos de hablar. Dirigíamos nuestros movimientos con palabras precisas. Recuerdo que recitaste sin pausa 129  intervalos del paso de tu pierna sobre mi hombro y su vuelta a la tierra. Nos sentimos shaolines gigantes que abrazarían los calderos del mundo. Y lo decíamos.


Lo más difícil fue detenernos a recitar los movimientos de la boca recitando. ¡Ahí si nos sentimos aliados! Tuve que aprender tu boca matemáticamente, con la precisión del dibujante de cartoons, y detener mis labios para darte tiempo a seguir mis movimientos. Aprendimos a escuchar para adentro para reconocer nuestras voces y perfeccionamos nuestra habilidad de escuchar para afuera para poder seguir el relato del otro. Creímos tener dos cerebros, cuatro orejas, pero no pudimos tener dos bocas, que era lo que en realidad necesitábamos para poder independizarnos, pero entonces hubiésemos necesitado un cerebro más y otro par de orejas para poder seguir lo que decimos, lo que relatamos que decimos, lo que el otro relata que dice, lo que el otro dice.


Entonces caímos en la cuenta de que de lograr nuestro objetivo deberíamos descartar la teoría de los 90 signos de Pierce, porque eso multiplicaría por noventa por dos los cerebros necesarios para descifrar los noventa signos que componen lo que digo y lo que digo que digo, más otros 180  para seguir lo que vos decís y lo que decís que decís.


Deberíamos tener 363  cerebros. Nos tranquilizó entonces descartar la hipótesis de que el cerebro fuese el órgano de la cognición, suponiendo que cognición e interpretación de los signos fueran fenómenos emparentados (hipótesis, por otro lado, que no pudimos descartar). Pero el espanto ante nuestros cuerpos deformes creció al imaginar la multiplicación de estómagos, piernas, ovarios o testículos, según optáramos por uno u otro órgano del simbolismo.


Para más, me recordaste que no debíamos dejar de lado el par de órganos captores de los signos correspondiente a cada cerebro, que dada la imposibilidad empírica de descartar a las orejas para tal función, nos llenaría el cuerpo de 726  orejas, amén de las 363 bocas, lenguas y gargantas que constituyen el aparato fonador (puesto que no estábamos dispuestos a aceptar la posibilidad de la existencia de intercambio telepático de signos).


Tal configuración anatómica hubiera dificultado seriamente la realización de nuestras coreografías y hasta hubiera podido condenarnos a la inmovilidad, dejándonos sin nada que narrar y afectando seriamente la eficacia de los rituales.


Optamos entonces por sostener una postura animista acerca de la cognición, como corresponde a una buena neurosis.

(06/10/2003) (Superfluos relatos)

"...¿que tu y yo estamos locos, Lucas?.."

Datos acerca de Lucas Pizarro

En "Borrador hallado en un disquette de 51/4" hay una reflexión de un tal Lucas Pizarro. Aquí, algunas impresiones sobre su persona.

Lucas Pizarro a veces delira. A veces sólo tiene miedo, y otras veces lee a Nietszche. Lucas Pizarro no sabe que delira. No sabe a qué le teme y mucho menos entiende a Nietszche. Pero eso no le impide escribir. A veces escribe poemas de amor. A veces cuentos de delirio. Y otras veces quiere dormir, o partir, que es morir un poco. Pero siempre antes de irse a dormir se toma un mate o una cerveza, cosa de estar seguro de levantarse a mear.


Me lo ha confesado en largas noches frente al equipo de música, escuchando "Discipline"...

(29/09/2003) (Superfluos relatos)

En "Borrador hallado en un disquette de 51/4" hay una reflexión de un tal Lucas Pizarro. Aquí, algunas impresiones sobre su persona.

Borrador hallado en un disquette de 51/4

Reflexiones atribuibles a un tal Lucas Pizarro

"Yo Soy el que Soy. Lo que define a dios en su calidad divina es su ser consciente de no ser sino metáfora de sí mismo. Ahí está la brutal diferencia. Yo puedo pasar años embarcado en el psicoanális, puedo convertirme al umbanda o peregrinar al santuario de Gilda, puedo leer a Marx o a Foucault y aún así no saber de qué cosa es metáfora esta angustia, este dolor, este signo en mi retina o esta línea de imaginario. O peor, puedo encontrar cada vez otro dolor, otra angustia otro signo en la retina que me haga pagar otra sesión.


Los dioses griegos se quedaron cortos al condenar a Prometeo, aunque pasaran tan sugestivamente cerca: el hígado que renace es metáfora del hígado devorado, que es metáfora del hígado que renace, lo cual a su vez, hígado y Prometeo, es metáfora de otra cosa, según seas griego de hace 2000 años o estudiante de Periodismo o Letras que ha leído a Sartre y a Marcuse en los 90. Y en todo caso, será un hombre (de esa clase especial que se inventaron los griegos y que llamaron semidiós) el que libere al pirochorro de tan escatológica recurrencia.


El dios judeo-cristiano es aberrante por inhumano, a diferencia de los dioses griegos, que, según varios manuales, se sometían a una misma norma que los mortales (el destino, dicen).


Pero hoy se me antoja otra pista, otra clave: Zeus es el dios del trueno, Afrodita lo es del amor, Poseidón del mar. Los dioses griegos son metáforas. Los dioses griegos son amigables porque no pueden sustraerse a la semiosis. No son los que son, sino alguna otra cosa...


La tradición de Moisés descubre algo aterrador, descubre aquello que ya no puede ser humano, aquello no está en ninguna disposición, en lugar de ninguna otra cosa, para nadie: Dios es aquello que no es metáfora.


Echate una metáfora, Moisés..."







¿Y? ¿Qué me dicen? Este Lucas Pizarro (cualquier parecido con alguien que no sea éste Lucas Pizarro es pura coincidencia) parece un delirante. Mirá que ponerse a reflexionar tan livianamente sobre algo que  ha quemado las pestañas de tantos filósofos, teólogos, judaístas... 

(26/09/2003) (Superfluos relatos)

Reflexiones atribuibles a un tal Lucas Pizarro

Embargo de las Casas

...el rey Cuahutemoc recibió los regalos desde El Cuzco sin temor a represalias del cielo. Sembró con ellos los pasillos de sus palacios. Lo bien que hizo. Del cielo no llegaron represalias.

...de Embargo de las Casas no volvimos a saber nada. Sin embargo, el adelantado deambula cerca del Orinoco. De boca de un nativo, cuya lengua ha aprendido a comprender, supo de la existencia de un pueblo, hacia el sur, donde artefactos demoníacos se expresan en la lengua de los reyes y deciden la fecha de las siembras y las cosechas y predicen los huracanes y terremotos.

Embargo de las Casas ha decidido llevar a la corte del rey de Castilla una de tales maravillas. Sin embargo, no podrá evitar la insubordinación de uno de sus hombres, Pedro Núñez de los Pozos, cuya familia había vivido desde generaciones de la predicción de los temporales y la administración de las cosechas para la corte de Cádiz.

Con Embargo enfurecido por tamaña indisciplina, las medidas adoptadas para evitar un motín generalizado no fueron leves. El adelantado ordenó la decapitación de los revoltosos, luego de apuñalar él mismo a Núñez de los Pozos y alimentar con sus testículos a un perro famélico que habían hallado en una misión saqueada.

Sin embargo, la tropa, reducida, a la sazón, a media docena de hombres, guardó para con su jefe cierto espanto rencoroso que habría de serle fatal el día de la batalla con los hombres del rey Cuahutemoc.

Con Embargo al frente, empero, los españoles continuaron la búsqueda de la ciudad conducida por máquinas, cuyas palancas y poleas, más grandes y complejas que las de los aparejos de la mayor de las naves que los trajera de España, debían producir sonidos tales que les permitirían descubrir su ubicación desde cientos de leguas de distancia, con la sola ayuda del oído, a cuyo cultivo sometió a su tropa el adelantado.

Sin embargo, y a pesar de los rigurosos ejercicios, seguían incapaces de distinguir la pisada de un escorpión sobre una hoja de helecho del reptar de una babosa en los troncos enmohecidos.

Por el contrario, los guías indígenas escuchaban las pisadas de un ligero ocelote a más de 623 pies de distancia del lugar dónde se hallara, pudiendo establecer en qué rama de la espesura se agazapaba tan sólo siguiendo el sonido de la respiración de la bestia.

A pesar de ello, Embargo no se decidía a confiar en sus guías, cuya maledicencia y temor supersticioso eran mala combinación para los fines del audaz explorador.

Embargo de las Casas, amén de haber sido devorado por una tribu caníbal del Amazonas, morirá a manos de las lanzas de los hombres de Cuahutemoc, como consecuencia de la traición de sus soldados, que abandonarán la batalla dejando a su jefe como garantía para la huída.

No conocerá las máquinas que predicen los huracanes y hablan la lengua de los reyes.

Los traidores, sin Embargo, volverán a España.(22/09/2003) (Superfluos relatos)

...el rey Cuahutemoc recibió los regalos desde El Cuzco sin temor a represalias del cielo. Sembró con ellos los pasillos de sus palacios. Lo bien que hizo. Del cielo no llegaron represalias.




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