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Nota

Archivo de Glosa: anotaciones por orden cronológico.



N+2 ocurrencias de (casi) un mismo texto

Intro. Trumpet solo...

Summertime... Y la vida es fácil. La nana negra está en el campo con el hijo del amo y el niño blanco rompe en llanto. Un rasguño, una espina, una piedra o el fracaso en la pesca. The fish are jumping and the cotton is high. A ver mi niño, tu papá es rico (es el dueño de este campo, del algodón y de todos estos negros que lo cosecharemos: para vos la vida está resuelta), tu mamá es bonita, así que hush you little baby, don't you cry. Pero la negra es un poco cruel, o de un fatalismo impiadoso. No llore mi niño, la vida es fácil y el día de verano es espléndido, pero one of this mornings, you gonna rise up singing, te saldrán alas, and you'lll take to the sky. Te vas a morir, claro que te vas a morir. But till that morning there is nothing can harm you, esa mañana está escrita en el gran libro del Señor y, si hoy no es ese día, hoy sos inmortal, no será este rasguño el que te mate, ni esa piedra, ni ese río. Daddy and mammy standing by se ocuparán de eso (el algodón está crecido y tenés la vida resuelta)...

Trumpet solo, bridge...

Summertime, time, time, and the living is easy... Amanecen dos en un departamento con vista a la Bahía de San Francisco, un amanecer espléndido. Estuvieron garchando toda la noche y los sorprende la mañana en un nuevo trip. Ella mira el techo: "hay peces que saltan... y algodón... allá arriba". A él le pega mal, se asusta, empieza a llorar. Vamos, che, niño rico, your mamma's good looking now, todavía es joven, tu viejo tiene guita, ¿de qué te quejás? Ah, ¿es por mí? No, un día de estos vos también vas a elevarte cantando (te va a pegar bien), you'll spread your wings, y llegarás al cielo. Hasta esa mañana, por mí no te preocupes, there is nothing can harm me, así que, pibe, no llores. No, no, no. No llores.

Guitar solo. Coda. Finale.

Fantasías que despiertan los modos de decir Summertime de Ella y Janis (con sus sutiles diferencias en la letra), entre otras versiones que hace un tiempo posteó Julieta, antes de que todo fuera Vacío...(14/08/2006) (no-Relatos)



Paloma

"Cuando el pensamiento de uno se agita en inquieto vaivén..."
I Ching.


Hablar de más es lo más fácil. Sobre todo cuando las ideas no están claras, cuando el maremágnum de sentimientos está desatado y el corazón es como una paloma con urticaria...
(08/08/2006) (no-Relatos)



Ilusión de unidad

Dice la crónica que el sujeto comenzó un día, con firme convicción, el proceso de desmontarse pacientemente. Le costó sudor y lágrimas, pero finalmente tuvo sobre la mesa un desparramo de piezas sueltas, inconexas, y no supo qué hacer con ellas. Las miraba, les estudiaba los bordes y ponderaba los encastres, pero las muy putas se negaban a amalgamar para constituir un todo del cual dar razón. Desmontarse uno mismo es una empresa de riesgo, porque no hay manual de instrucciones para recomponerse, no hay PDFs al respecto ni en la web ni en las redes peer to peer. El sujeto quedó solo frente a la mesa, cual turco en neblina, cual perro en bote o cancha de bochas, notando que ciertas piezas parecían sobrar, que otras se habían perdido, que otras nunca estuvieron y hubieran sido bien necesarias. Eso: que a veces uno siente que se desmorona como una catedral de hormigas y que los bichitos (colorados, negros, culones o no, qué mas dá) se deseperan por lograr de vuelta una ilusión de unidad, una forma reconocible, un atado de algo.(25/07/2006) (no-Relatos)



Una graciosa pirueta

Ahí está. Una vuelta completa, la hipertrofia de una vuelta completa. Aunque hemos quedado exactamente en la misma posición que al principio, no te creas que no ha costado lo suyo. Fue algo parecido a la pirueta que hacen ciertos contorsionistas, esa de doblarse hacia atrás hasta apoyar las manos en el piso, bien cerca de los talones. Luego, pareciera que todo es cuestión de dejar que el cuerpo se extienda por si solo: los pies describen un arco en el aire hasta volver al suelo y el torso se eleva, parsimoniosamente, hasta dejar al contorsionista otra vez de pie, la vista al frente. O, mejor, digamos que fue algo como el magnífico esfuerzo que hacen los atletas que vuelan sobre el cajón, esos que inician la prueba parados en un extremo de la pista, buscando adoptar la posición más garbosa posible, los pies impecablemente juntos. Luego de un minúsculo brinco, seguramente más destinado a darse ánimo que a otra cosa, se lanzan a toda carrera hasta picar sobre el trampolín que los despide hacia arriba, dándoles el plus de energía necesario para ponerse cabeza abajo, girar sobre su eje longitudinal con los brazos pegados al cuerpo, completar la voltereta al tiempo que los brazos se extienden, apoyar las manos en el cajón, obtener el impulso para volar otra vez por el aire, dar todos los giros que se pueda sobre todos los ejes del cuerpo imaginables y caer impecablemente sobre los dos pies, sin rebotar ni dar un paso adelante o atrás, en la misma posición que al principio, la más garbosa posible, concitando la unanimidad del jurado que los premia con el máximo puntaje mientras el público silba y aplaude. El atleta puede permitirse entonces un cuarto de giro a cada lado para saludar a la tribuna y agradecer a los jueces. Ahí está, logró la proeza: dar una vuelta completa, la hipertrofia de una vuelta completa, y quedar exactamente en la misma posición que al principio.(17/05/2006) (no-Relatos)



"I never had the nerve to make the final cut..."

Yo tenía 16 años cuando escuché por primera vez a Roger Waters decir eso, saliendo fantasmático de un disco de vinilo que todavía conservo. A esa edad, ¿qué podía saber yo de lo que es un corte final? Yo era un chico y tenía una gran alucinación, probablemente. Sin embargo, la canción quedó enterrada en un lugar de mi alma, formando parte de la argamasa de mis emociones, como harían tantas otras canciones de Pink Floyd.

Hoy pienso en profundos tajos y terribles heridas, en lo irreparable, en la conducta reprochable, en el arrepentimiento, en las naves quemadas y pienso en el carácter, el nervio; me pregunto si es algo anterior, algo que es necesario tener para ser capaz de hacer el corte final o si es el precipitado de las miserias y los corajes acumulados, puestos en solución, hasta que el nervio, saturado el solvente, cae al fondo, incapaz ya de mezclarse con otra cosa.

Les dejo The Final Cut. David Gilmour pone para variar esa guitarra trágica y perentoria que tan bien le sale. Qué se va'cer, es lunes, y los lunes me pegan así.

Pink Floyd, The Final Cut.

(Hay quienes dicen que The Final Cut es el peor disco de Pink Floyd, el de la decrepitud. Sin embargo, yo creo que es un gran disco, la apostilla necesaria para que The Wall brille como un diamante loco) (08/05/2006) (no-Relatos)



Tener un árbol, plantar un libro...

-Papá, cuando yo sea grande, ¿vos vas a ser viejito?

-Ehhh, sí, claro..

-¿Y cuando yo sea viejito vos vas a estar muerto?

-Probablemente, hijo, sí...

-Pero cuando yo sea grande voy a tener hijitos...

-Si, puede ser...

-Y cuando mis hijos sean grandes yo voy a ser viejito...

-Claro...

-Y cuando mis hijos sean viejitos yo voy a estar muerto...

-...es posible, sí...

-Claro. Para eso son los hijos...

(¡Ay, hijo! Yo no sé si los hijos son para algo. Siento, sí, que son, digamos, un trip por una ciudad en la que nos encontramos sin un plano a mano y donde la calles no tienen sus debidos carteles identificándolas, donde uno se orienta por los olores; que son un sucutrule que uno cree que le hace a la muerte y que cada nuevo ejemplar es también un sucutrule que la vida se hace a sí misma, ciega y bruta, con una necedad inexplicable, una insistencia tan tozuda que estremece).(01/05/2006) (no-Relatos)



Autopista La Plata-Buenos Aires

(o de las frágiles ideas que inspira un día de lluvia)

El arco iris hunde (de más está aclararlo: es un decir) una pata en el río y la otra en aquel lugar adelante de mí donde los bordes de la calzada parecen unirse.

Se sabe: el arco iris y la perspectiva son ilusiones de la óptica, pero como de ilusiones también se vive, me pregunto si llegaré a tiempo de ver qué hay en el caldero, antes de que la ilusión se desvanezca.

(Lluvia con sol, se casa una vieja)(03/03/2006) (no-Relatos)



El lugar común...

"...ibas corriendo a la deriva..."
Jijiji
Patricio Rey y
sus Redonditos de Ricota



Soñé luces de colores y explosiones del tamaño de la luna. Soñé con los sonidos de mil rocanroles, quinientos márshalles al palo. Soñé con la intensidad y la violencia de los cascos de dos mil caballos desbocados.

Soñé con el narcótico perfume de los tilos de noviembre y con reconocer tu olor a hembra en medio de ese vapor impetuoso.

Soñé con la lluvia de febrero y con el tifón y la espuma. Soñé con el vértigo de unas pocas palabras henchidas, a punto de estallar en una lluvia de palabras nuevas, más pequeñas pero más filosas.

Soñé que me llevaba las manos a la boca, muchas veces, pero no lograba atajar el vómito.

Soñé eso justo esta madrugada, hoy, y uno con esa cosa acá de los balances...
(29/12/2005) (no-Relatos)



Carne de diván

Algunos de ustedes quizás lo saben, pero resulta que hay analista y hay analizante.

Veamos: hay pianista pero no pianante, guitarrista pero no guitarrante. Hay cantante, sin que haya cantista.

Hay amantes, amoríos, amistades, pero no amoristas.

No hay naveguistas por más que haya navegantes; hay comediantes sin que haya comedistas; hay anarquistas y anarquizantes.

Hay corazones palpitantes para los que, a veces, el dolor es torturante: un contorsionista que extrema sus esfuerzos contorsionantes, un artista hartante.

Quizás esto sea simplista. Acordarán que, en todo caso, no es simplante. Cuando llegue el turno de lo importante no habrá manera de distraerse en lo importista: reconocerse anhelante, mas no anhelista.(05/12/2005) (no-Relatos)



Estoy esgunfio

Hoy es lunes y llueve, y cuando es lunes y llueve pierdo, casi diría que automáticamente, la fe en la acción.

Es decir, no creo en que valga la pena intentar la más mínima tarea, nada justifica el esfuerzo que requiera y nada más pensar en levantarme de la silla me produce una pereza de oso.

Después de todo, es tan bello ver caer la lluvia sobre la ciudad de Buenos Aires. Bueno, no, no es tan bello, pero no tengo ni ganas de ponerme a cuestionar el espectáculo, no sé si me' splico. Y la verdad es que tampoco tengo ganas de acercarme a la ventana para ver la lluvia en un aspecto que se asemeje a un espectáculo.

Estoy esgunfio. O supongo que un estado de ánimo de lunes con lluvia puede ser contenido para el "estar esgunfio". Vamos, que no logro ni sacar adelante este párrafo, como no salió adelante el anterior ni creo que prospere el que viene, si viene.

...

No. No viene.(24/10/2005) (no-Relatos)



Antientropía

El mundo todavía es una plenitud indiferenciada de luz, colores abrumadores. El afuera sobrecarga los nervios con una enormidad de estímulos y no se separa del adentro que agrede con la violencia del hambre y de los pedos (un adentro que asoma a veces a los ojos el terror y el desconcierto). Los sonidos asaltan desde todas partes, cuando no hay partes todavía y sin embargo asaltan. Los músculos se accionan, cómo establecer si intencionadamente o no, díscolos, irreductibles, indóciles. Y en el magma de reflejos y movimientos involuntarios, diferenciándose dentro de la fortuita combinatoria de los músculos faciales, repertorio innumerable de la sustancia de la expresión, mi hija, a los dos meses de edad, sonríe. (27/09/2005) (no-Relatos)



Lo inefable

Usá una hoja de papel rectangular. Tomá una de las esquinas y doblá la hoja hasta que esa esquina toque un punto cualquiera del lado largo, opuesto, del papel, adoptando la forma de un triángulo al que le brotara por uno de sus lados una especie de pedestal retangular.

Ese pedestal rectangular deberá cortarse de modo tal que el triángulo quede liberado (no tirés el rectángulo, se usará luego).

Luego, desdoblá la hoja de modo tal que obtengas un cuadrado. Ese cuadrado tendrá un pliegue que sigue una de sus diagonales. Deberás unir ahora las otras dos esquinas, doblando la hoja otra vez en triángulo, pero de manera que, al desplegarla, la otra diagonal del cuadrado quede marcada.

Llegados a este punto, al desplegar la hoja, deberás tener un cuadrado más o menos perfecto cuyas dos diagonales son surcadas por sendas marcas. Recordá que el rectángulo sobrante (ese que era como una base o pedestal del primer triángulo) debe guardarse porque nos resultará útil luego.

Ahora, tenés que tomar la hoja por uno cualquiera de los dobleces realizados, como si fueras a formar nuevamente el triángulo, pero antes de que el triángulo llegue a concretarse, empujás hacia adentro los pliegues, de modo tal que la hoja se abra por el doblez libre, adoptando la forma esquemática del armazón de una pirámide, con una base en estrella. Debe quedarte algo como una punta de flecha o de arpón. Deberás aplastar la punta de flecha o armazón de pirámide hasta lograr un nuevo triángulo, de tipo isósceles y más pequeño que el primero, compuesto por dos triángulos siameses unidos desde el ápice por dos discretos pliegues interiores, cuya base es mayor que los lados y que constituyen una suerte de doble sobre.

Será más cómodo que apoyes esta nueva figura sobre la mesa, para poder tomar las puntas del triángulo siamés que mira hacia arriba y doblar esas puntas hasta que toquen el ápice común. Deberías lograr algo así como un triángulo que tuviera encima, hermano siamés, una suerte de rombo o de diamante.

Entonces, desplegás el diamante. Volvés a tener los isósceles siameses, pero el de arriba tiene dos surcos que dibujan la línea que une el centro de cada lado menor con el centro de la base. Tomás los lados menores del triángulo y los plegás hacia el centro, haciendo que queden paralelos entre sí y respecto de la línea imaginaria que une el ápice de los triángulos con la base, o sea, esa línea que en geometría se representa con el símbolo "h". Ahora nuestro isósceles que apoya en la mesa tiene por hemano siamés a un nuevo rombo, pero uno de los extremos del rombo sobresale del área del triángulo, dibujando una especie de aladelta que tuviera unos alerones en la parte de atrás, o podría ser una mantarraya que en lugar de cola, larga y finita, tuviera pegado un triángulo de papel que apuntara hacia el camino recorrido...

Sea lo que fuere que la figura parezca, debe volver a desplegarse hasta recomponer los tiángulos siameses. El de arriba, el que no apoya en la mesa, tiene marcadas cuatro líneas, las que ya dijimos, que unen los centros de cada uno de los lados menores con el centro de la base, y dos que, partiendo del ápice, llegan a la base, entre los extremos y el medio, partiéndola en cuartos. Estos pliegues se cruzan, más o menos en el centro del área de cada una de las mitades del triángulo.

Es el momento de realizar un doblez que una cada cuarto de la base con el centro da cada uno de los lados menores, forzando al papel a doblarse siguiendo las marcas ya realizadas, y aplastar ese pliegue contra el centro del triángulo que sigue sobre la mesa. La figura resultante es indescriptible: tenemos en la base el triángulo isósceles que apoya en la mesa, que no hemos tocado para nada. Sobre él, su hermano siamés, un rombo del cual surgen hacia el techo, o hacia nuestro rostro, o hacia la mirada de Dios, que cada quien elija el punto de referencia que más le conmueva, unos cuernos, o unas orejas de gato, o dos menhires como los de Tebas, Stonehenge, Pascua o algún lugar así.

Pero no dejaremos los menhires haciendo su alabanza al cielo o lo que sea que los menhires hagan. No, los volcaremos hacia el ápice del triangulo basal, allí donde se unen los lados menores. El triángulo basal tiene a su hermano siamés convertido en una figura que recuerda vagamente a una vulva, una vulva cubista, a juzgar por las líneas rectas que la trazan o por la ortogonalidad de su silueta. En todo caso, reconozco que el símil es susceptible de psicoanálisis de salón.

Y ha llegado el momento de recuperar aquel rectángulo que era la base, o pedestal, del tríangulo equilátero con el que comenzó esta metamorfosis. Dóblenlo a la mitad, longitudinalmente, para volver a desplegarlo. Escojan uno de los lados cortos y tomen los vértices, plegándolos hacia adentro, hasta que se toquen en la línea que ha quedado trazda en el centro, de modo tal que el extremo del rectángulo se convierta en una punta. Y también es momento de recordar que el triángulo basal que permaneció sobre la mesa mientras realizábamos todos los pliegues que transformaron a su hermano siamés en una vagamente vulva cubista conforma algo así como un sobre, dentro del cual deberá insertarse el extremo afilado de nuestro rectángulo, de manera que la punta calce por dentro en el ápice del triángulo.

Quedó una especie de paraguas o sombrilla, o un hongo o la silueta del humo de una explosión nuclear, todo, claro, con una mirada cubista o algo así. Pero no durará mucho. Doblá el ápice del triángulo hacia adentro, hacia el lado opuesto a aquel que parece una vulva. Los que por un momento parecían menhires u orejas de gato, quedarán apuntando, como tenazas de una tarántula, por ejemplo, hacia el ausente ápice del que ahora es un trapecio.

Nuestra figura completa recuerda ahora vagamente a una letra T con cuernitos. Doblaremos la T longitudinalmente, uniendo los extremos de los brazos por el lado liso, el contrario al de los pliegues esos que parecían una vulva y que se terminaron transformando en las tenazas de una tarántula. Si acostamos nuestra figura, tenemos algo que recuerda a un pájaro, con alas trapezoidales y un pico corto.

Pero a lo que constituye el tronco del pájaro, lo que era la pata de la T, le arrancaremos un pedazo de papel, un pedazo cuneiforme, suficiente como para lograr que ese rectángulo adquiera el perfil del fuselaje de un avión, con su timón de cola.

¿Te salió? ¿No? Claro, para saber cómo se hacen estos avioncitos de papel deberías haber estado ahí, en aquellas tardes del barrio de Flores, en silencio como yo, azorado, viendo a mi viejo operar para mí la mágica transformación de un papel en aeronave ("cuanto más exactos sean los pliegues, mejor volará tu avión"), una y otra vez, mil y un avioncitos, hasta que aprendí el truco, los pases...(12/07/2005) (no-Relatos)



Niebla

La niebla es un lugar común. Quiero decir: un tópico repetido y frecuentado, pero también una forma o disposición del espacio que nos es compartida. Pongamos por caso el día de hoy: la niebla se aposentó en mi barrio como una dama victoriana, petulante y pagada de si misma. Curiosamente, se desparramó en parches caprichosos (bueno, una dama victoriana no se desparramaría en parches caprichosos. Se sentaría recatada y con la piernas bien juntas, las manos sobre esa parte del cuerpo victorianamente conocida como "regazo", con expresión de nunca haber chupado una pija y con una maldad evidente y notoria). El efecto de esta niebla-patchwork fue el de sumergir a los transeúntes y a los automovilistas en súbitas fosforescencias tridimensionales, de ese color amarillento, o cobrizo, o rosado, propio de las luminarias modestas de los suburbios, en las noches de niebla. La luz se apelmaza en la niebla. La luz de los faros de los autos se apelmaza en la niebla. La luz de los faros de los autos que vienen en sentido contrario se queda pegada a los faros de los autos que vienen en sentido contrario y avanza con ellos, a veces como amenazas brutales, a veces con timidez de pantera. Y súbitamente, la niebla-patchwork se acaba,
la claridad se abre y encandila,

el volumen de las cosas es un oprobio o un elefante o una pagoda,

o un volumen o una atmósfera o peso específico o mera masa,

y la distancia tiene otra vez función, sentido, rumbo y dimensión.
Pero, allá en el fondo, doscientos metros adelante, donde la calle se hace de tierra y salta en un puente angosto sobre el arroyo Rodríguez, otra vez, la señora victoriana se impone como una pared, una fosforescencia, un rubor sonrosado, o amarillo o cobrizo, que hace de todo un telón pintado, una pantalla 2d, una apnea de masa.
(12/05/2005) (no-Relatos)



Pseudopoema línkico acerca de cierta cifra saturada de significación

Amor (pesar, dolor):
Tres cosas lleva el alma herida
(la casa del herrero, barro y)
casi
son las tres agujas
de un par perfecto:
lo que se ve, se ama, se pierde
(-Mar austral, el Plata y pampa- dijiste...)(02/05/2005) (no-Relatos)



El sutil viaje de las estaciones

...mi blues de las seis y treinta de cada día me ha dado a saber que el sol ha iniciado su irrefrenable curso hacia la gragea de muerte del invierno. Una oscuridad tímida y fugaz me espera en el momento de la alarma y se evapora como una ilusión antes de que termine de lavarme los dientes. Sin embargo, yo ya lo sé: el verano está muriendo y una melancolía conocida empieza a empañar mis mañanas.(04/02/2005) (no-Relatos)



Chica de mostrador

¡Cómo no enamorarse de Daisy Trinidad López!

Si su pelo castaño parece diseñado sólo para caer sobre su rostro y permitirle hacer ese mohín mágico que es una invitación a besarla.

Si sus ojos grandes, brillantes como la luna, del gris-celeste del cielo de Buenos Aires, te miran sabiendo que guardás un secreto. Si sus cejas parecen pintadas por Rafael.

¡Cómo no enamorarse de Daisy Trinidad López! Si sus pómulos advierten del vigor de las hembras que no perdonan, si sus labios finos son acuarelas y su sonrisa un regalo, pero no un premio.

Si tiene unos hombros de horizontalidad marina y redondez frutal, hechos para llevar un bretel finísimo con la gracia con que una garza acecha en el río, bretel que te dirá el camino por su pecho de apariencia tersa, saltando el desvío delicioso de sus clavículas, para llegar a unas tetas firmes y grandes.

Pero es entonces que notás que a la altura de su última costilla la cintura no parece anunciarse. Descubrís que sus piernas podrían haber sido bellas, pero no lo son, y allí donde termina su pantalón pescador, la piel extremadamente blanca de las pantorrillas no puede ocultar unas várices pequeñas pero irreversibles.

Cómo no pensar que la principal prenda de trabajo de Daisy Trinidad López es el mostrador de la tienda de diseño de su padre, allí, en el barrio de Usaquén, que le dicen: Santa Fe de Bogotá.(25/11/2004) (no-Relatos)

¡Cómo no enamorarse de Daisy Trinidad López!

Eclipse de luz

(Truco remanido) Parece ser que lo que sigue estaba escrito en el reverso de la última hoja de una agenda vieja. Aporta nuevos datos sobre Lucas Pizarro, personaje escaso si los hay...

"El resplandor de la ciudad es un eclipse de luz que nos impone una noche sin estrellas. Y así, la vida se nos pasa creyendo que el cielo estrellado es un magro privilegio para campesinos rústicos, que no compensa la falta de las potentes comodidades de la vida urbana.

(Publicidad de multivitamínicos: viva una vida de mierda pero tome estas pastillas para aguantarla.)

Quizás una de las cosas que le duele a Lucas es ver que ninguna promesa se ha cumplido y que treinta dineros es en definitiva un muy buen precio para casi cualquier alma:

El tiempo ha pasado y la adolescencia resultó un mal que se diluye como la mierda en la letrina, dejando rastros sucios y malolientes. En su lugar, la muerte crece despacio y la espera se convierte en una actividad casi excluyente. Para su espera, Lucas ha quedado solo, aunque teóricamente no esté más solo que al principio.

Pero su hagiografía se ha ido despoblando. Por falta de mérito, por indiferencia, por tiempo o por distancia, ha desaparecido él mismo del más modesto altar. ¿Qué pasa con un altar en el que sólo quedan velas?

Puede pasar que el resplandor sea un eclipse de luz que nos muestre la noche sin ángeles."(15/11/2004) (no-Relatos)

(Truco remanido) Parece ser que lo que sigue estaba escrito en el reverso de la última hoja de una agenda vieja. Aporta nuevos datos sobre Lucas Pizarro, personaje escaso si los hay...

Paralelogramos

Hay días y días, lo sabemos todos. Hoy es un día de silencios.

Tengo ganas de que pase algo y no sé que, una sensación vulgar (o la expresión vulgar de una sensación). ¡Claro! Si en definitiva uno no es más que un manojo de vulgaridades a la deriva que se empecina (dudo entre poner "empecina", lo que refiere al manojo, o "empecinan", que vuelca la atención en las vulgaridades), digamos entonces, empecinan, en remar hacia algún lado y después elabora (aquí sí, el manojo) una teoría de las desviaciones para explicar por qué, paralelográmicamente, en realidad alcanzó el punto X, cuando sus fuerzas pretendían llevarlo a W y el viento apuntaba a Z.

Hay días y días. Hoy, decimos (nosotras, las vulgaridades, ese manojo de paralelogramos), es día de silencios.(20/10/2004) (no-Relatos)

Hay días y días, lo sabemos todos. Hoy es un día de silencios.

Cirugías

Ella busca los caminos del alma por vía de la vivisección...

Su mano sostiene firme y delicada la hoja de la gillette (esa que usamos para arrancar trozos de bacterias y hongos de la pared del sur cuando la abulia espanta). La hoja se hunde en la piel de mi muslo con precisión de cirujano, hasta rozar los músculos, sin cortarlos. Su meñique acaricia paralelo mi superficie.


Pasmosa caricia la de su insólito meñique que me provoca uno de esos escalofríos como alas de gorrión en un baño de arena bajo las hamacas de plaza Rocha.

(08/06/2004) (no-Relatos)

Ella busca los caminos del alma por vía de la vivisección...

Súbito ataque de queso

Con mi flamante cásacara de parafina (colorada, supongo) no me quedará más remedio que evitar tu boca de fondieu.

Llegado el caso, teniendo cáscara amarilla, quizás me atreva a herir tu lengua delicada y no habituada a los sabores picantes.


De cualquier modo, en este estado, me sé condenado a rodar hasta los mares de queso (ahora que han sido descubiertos) donde, sin necesidad de tu boca, nos sumaremos a la gran fondieu para deleite de los bacalaos que no saben distinguir un fontina de un gruyere.


(31/05/2004) (no-Relatos)

Con mi flamante cásacara de parafina (colorada, supongo) no me quedará más remedio que evitar tu boca de fondieu.

Esperpentos

Pusimos sobre la mesa de recrear esperpentos un infiernillo negro obsidiana. De mi bolsillo derecho saqué un encendedor y mientras vos sostenías el mechero yo prendí la llama.

Así, aliados, iniciamos nuestro pequeño infierno. Ahora solo resta esperar la aparición de los espíritus que usaremos para amasar el esperpento de hoy.


(10/05/2004) (no-Relatos)

Pusimos sobre la mesa de recrear esperpentos un infiernillo negro obsidiana. De mi bolsillo derecho saqué un encendedor y mientras vos sostenías el mechero yo prendí la llama.

El viento reposa

Cuando el viento reposa... ¿es como un monje budista en el segundo antes del nirvana?

En el fondo del mar, donde ya no hay luz y la presión es inconmensurable, el agua, apenas fluída, ya casi inmóvil, ¿reposa?


¿O reposa el oranguntán que ve pasar la selva en su mínimo marchitarse?


¿Es como el aliento contenido?


El viento reposa: apenas un sustantivo y un verbo.


Para delimitar el sentido de la expresión probemos cambiar una vez más el sustantivo.


Digamos: el hombre reposa. Seguramente no cualquier hombre reposa. La mayoría descansa. Reposa el hombre que puede elegir no usar una energía que, sin embargo, tiene.


Al hacer reposar al hombre, la voluntad ejerce.


Pero, ¿qué pasa si hacemos reposar a algo sin voluntad?


Digamos: los planetas reposan. Reposan suspendidos, apoyados o colgados de la nada mágica de que está hecho el universo.


Y ese reposo magnético es como la deriva retenida que precede al abrupto acontecer de una anacrusa.


La anacrusa ¿empieza con su primer sonido, o empieza antes, contra el fondo de silencio que de golpe se retira para permitirle ser figura?


La anacrusa del cosmos se resuelve en los tiempos fuertes de la polirritmia que forman las estaciones de todos los planetas, primaveras de Júpiter o Saturno, que seguro tienen.


Anacrusa o compás de espera... y en el movimiento de los planetas, ha cambiado el verbo: los planetas esperan. El hombre espera. Algo del orden del futuro ha preñado de tiempo el reposo del hombre y de los planetas.


Como ese hijo nuestro, que en tu vientre reposa.


Como el viento.

(22/03/2004) (no-Relatos)

Cuando el viento reposa... ¿es como un monje budista en el segundo antes del nirvana?

Conmutación de penas II: minusvalía total de penas en el mercado de los dolores.

La economía de las penas es una disciplina desesperada dada la inintercambibilidad que caracteriza a su objeto.

La penas mutan juntas, cuando hay más de una pena. Mutan conmigo cuando yo muto, mutan con el entorno, con las circunstancias, con las personas, con el texto y el con-texto (con-mutan), mutan con las caras que asumen expresiones ciegas, cambian al filo de las hojas de Möebius y persiguen hormigas, mutan con las estaciones y no son como la primavera (lo cual es una esperanza: podré detenerlas).


Conmutacion de penas. Mutación con las penas, según su nombre o el sistema de sus denominaciones. Las penas mutan whit the language used to name them, switchin' hurts. I don´t know the word for "pena" in this language (and I won't cheat, I won't look the dictionary up), so, when I change the language, I change my brain, my head, and in this lingo I don't have a name for W. I'm free one, two seconds (till I look the dictionary up), and since I forgot a moment the spanish code, that somebody else's word....


"Alumno, diga en sus propias palabras..." "Palabra propia" es un oxímoron. Como las vaquitas, los nombres de las penas...


(09/03/2004) (no-Relatos)

La economía de las penas es una disciplina desesperada dada la inintercambibilidad que caracteriza a su objeto.

Conmutación de penas I

Pena A. Fue hallada sin rumbo, la tarde que charlamos bajo las tipas (como amigos). Conmutó de pronto, sin aviso, en pena B, la noche que le dije que no la quería, e intenté cogerla igual.

Esa fue una pena seca, una pena pequeña.


Esa pena duró como el rumor de la bocina del tren, un poco más que el trueno en las vías, apagándose junto con el temblor de los vidrios.


Esa pena con-mutó.


Mutó conmigo, tantas veces.


Hasta que de pronto ya no fue pena B, sino que fue pena IX, ya que mutó la pena y la nomenclatura de las penas.


Esa pena tuvo nombres distintos y de alguna manera fue una pena de amor.


Esa pena trans-mutó, es decir, mutó más allá o mutó a través de y fue una pena W


Ahora estoy buscando una nueva nomencatura para las penas.


(04/03/2004) (no-Relatos)

Pena A. Fue hallada sin rumbo, la tarde que charlamos bajo las tipas (como amigos). Conmutó de pronto, sin aviso, en pena B, la noche que le dije que no la quería, e intenté cogerla igual.

Estimado público

Nada por aquí

nada por...

...allá

Como hacen magos y prestidigitadores, lo que se quita también es parte del juego.


Y ellos no mienten (todos sabemos que a nadie le crecen bolitas metálicas detrás de las orejas)...


(12/02/2004) (no-Relatos)

Nada por aquí

nada por...

Reencarnaciones

No está mal pensar en que tendremos próximas vidas en las que seguir amándonos.

Suponer que volveremos a nacer y que una fuerza misteriosa, vulgarmente llamada destino, nos impulsará el uno hacia el otro, cada vez, todas las veces.


Ahora bien, puesto que en esta vida no guardo recuerdo de una vida anterior, supondré, por mera comodidad, que este es mi primer estar en el mundo y, como alma novata, haré berrinche hasta adquirir mi derecho al recuerdo transmigratorio. Es poco probable que con tal estrategia logre el recuerdo en vidas futuras, además, de ser un alma caprichosa en esta vida, me daría vergüenza recordarlo en la próxima, así que mas vale me olvido, aunque es claro que quien no recuerda no aprende. Está bien, no haré berrinche.


En todo caso, doy por iniciado en esta vida, arbitrariamente, mi ciclo de reencarnaciones y lo dejo plasmado aquí para deleite y sorna de mis personalidades futuras, más sabias y menos centradas en el Yo, que todos sabemos que es una especie de fallo de la especie y que tiende a desaparecer hasta diluirse en un placentario nirvana donde ya no hay Yo capaz de sentir angustia.


Como está claro que reencarnación sin recuerdo no tiene ningún encanto, suscribiré sin mayor análisis las hipótesis según las cuales cada vida es un paso hacia el desvelamiento del recuerdo de las anteriores. Mucho más modesto, me basta con saber reconocerte la próxima vez, sin confundirme ni dudar, sin pronunciar tu nombre en vano y sin buscar en el barro, en las cornisas o en las polvaredas que levantan los caballos.


Me gusta pensar que te elegí para siempre.


(16/01/2004) (no-Relatos)

No está mal pensar en que tendremos próximas vidas en las que seguir amándonos.

Good by

"Flaca, no me claves tus puñales..."
Flaca, Andrés Calamaro.
En qué piensa Lucas Pizarro cuando piensa en el amor...

"Me mataste guacha. No es tu culpa, en sentido estricto. De hecho no has sido otra que la que siempre fuiste y siempre quisiste ser, apenas una brisa y una pradera, un no ser en el tiempo, un vegetal que se multiplica a sí mismo siendo uno y el mismo por siempre, no siendo al fin.


Ahora no tengo nada. No tengo canciones. No tengo poemas. Y por más que busco y rebusco es mi simple banalidad la que me abrocha a esta silla a ver pasar el tiempo, hasta que llegue la hora de la muerte liberadora, habiéndole pasado ya la maldición a otro, como una especie de enfermedad, la vida...


Algunos dirán que soy muy joven para morir de la forma que he muerto. Me he convertido en un fósil que no será jamás descubierto por paleontólogo alguno. Los fósiles de mi clase reposan como el vacío del cosmos más allá de lo que ve el Hubble. Por los siglos de los siglos convertidos en la nimia molécula que sólo le aporta número al universo."

(02/11/2003) (no-Relatos)

"Flaca, no me claves tus puñales..."
Flaca, Andrés Calamaro.
En qué piensa Lucas Pizarro cuando piensa en el amor...

Lisboa

Lisboa tenía el aire azul por aquellos días.
Todo era correr por la calle naranja hasta dar con la nariz contra una puerta.
Entrábamos siempre.

(Había mármol, unas sillas inglesas y una luz muy clara).


Tomábamos el té mientras mirábamos el mar a través de la ventana del salón. A veces, no nos alcanzaba el azúcar y le arrancábamos mechones de pelo a tu perro blanco, que dormía a nuestros pies, siempre.


¡El mar era tan verde! Mirábamos las olas y nos hacíamos cosquillas en las yemas de los dedos, con las uñas.


En la terraza, hacíamos montañas de pelo blanco de ballena que caía de los aleros. (Tu perro estornudaba y trataba de atrapar al vuelo el vapor de pelo de ballena que se deshacía en el aire).


Nos zambullíamos en las montañas y rodábamos.


Estabas desnuda entonces.


Te tocaba la palma de los pies antes de que bajaras a la playa.


El mar te esperaba conteniendo el aliento (Lisboa entera se estremecía con la apnea del mar)


Yo cerraba las celosías y rezaba. Tal vez llorara. Devoraba los mechones de pelo blanco de ballena que habían estado entre tus piernas.


Tu perro se quedaba en la terraza y miraba el cielo de Lisboa hasta que la lluvia le quemaba los ojos acuosos y le lavaba el pelo blanco, que escurría a chorros, como volcanes silentes de edulcorante.


Entonces se levantaba despacio y se iba a tirar debajo de una mesa de hierro forjado, pintada con esmalte sintético blanco.


Lisboa entera (las calles naranja) espera que salgas del mar.


(24/10/2003) (no-Relatos)

Lisboa tenía el aire azul por aquellos días.
Todo era correr por la calle naranja hasta dar con la nariz contra una puerta.
Entrábamos siempre.

La caída de Tokio

"...cada cual tiene un trip en el bocho,

difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo..."

Promesas sobre el bidet, Charly García.

Tomados de la mano dimos el paso.


Saltamos apenas un pozo más que nada nominal y ya del otro lado nos volvimos con nostalgia, pero seguíamos tomados de la mano.


Vimos a Tokyo desplomarse en silencio, mudo, "como leones ciegos".


Vimos la lava devorar las avenidas y achicharrar a los autos como caracoles y a los caracoles evaporarse como cabecitas de fósforos. Vimos amapolas y azahares abrazarse de júbilo, aferrarse a los muros y acariciar el musgo y la hiedra.


Vimos humo huir de Tokyo, perseguido por vapor y exhalaciones. El humo se dobló, rozó el vapor y burló a las exhalaciones. Corrió, se dispersó, ensambló los dedos de las manos como un sabio japonés que no espera nada. El vapor se coló de a poco, hasta quedar despegao, desdoblado, desmedido.


Se hizo agua el vapor y la lluvia les lavó los pies a las amapolas.


Llueve con ganas, a veces. Otras veces parece que fuera a morir un tigre o incendiarse una pagoda. Llovió con ganas, aquella vez.


Ganas de tirarse pedos o golpear tambores.


Las amapolas agradecieron el baño con flores de dos metros (o tres) y los azahares buscaron el sol con notorio esfuerzo, que les hinchó las mejillas blancas hasta que las venas verdes parecían avenidas.


Ni una rata murió en la tormenta (saben pararse en lugar exacto donde no cae la lluvia, puesto que es sabido que las gotas caen siempre en el mismo lugar).


Los perros vergonzosos, en cambio, corrieron por los pasillos y las escaleras y con los rabos muy cerca del suelo fueron muriendo de a uno, de a dos, nunca de a tres.


Amarillas máquinas despejanieve los apilaron.


Un alma piadosa arrojó un caracol encendido que prendió como un rumor en las uñas resecas, en los dientes picados.


Lo vimos todo, tomados de la mano.


Giramos sobre un pie (el derecho yo, el izquierdo vos) y nos alejamos del pocito nominal que se estaba llenando de lava o de lluvia, según quien de nosotros se volviera a mirar.


(21/10/2003) (no-Relatos)

"...cada cual tiene un trip en el bocho,

difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo..."

Promesas sobre el bidet, Charly García.

Diamantes

Un poemita en prosa sobre esas búsquedas que uno hace en sociedades dudosas y que buscan grandes recompensas. O un relato sobre la frustración que uno se busca solito o en pareja.


Cansados de bucear en la mierda nos hemos convencido de que el diamante que habíamos arrojado a esta gigantesca letrina ha sido perdido para siempre.


Tu cabeza asomó primera a la superficie y para cuando yo asomé la mía y pude abrir los ojos ví tus glándulas conjuntivas lavar lágrimas de mierda.


Escupí un garzo marrón como gelatina de perros que mendigan afecto en casas de dos pisos, pero mis ojos permanecieron rodeados de estiércol, el pelo como de sacerdotes aztecas, cascos de sangre y sebo.


Recorrimos la profundidad de la letrina con enormes esfuerzos de apnea. Tocamos el fondo fangoso seleccionando piedras vulgares, algunas hasta bellamente bruñidas. Pero ni rastros del diamante que arrojamos para jugar a los pescadores de perlas.


Con cierta tendencia al pensamiento mágico supusimos que en procaz alquimia el diamante se había transformado en mierda o disuelto como el azúcar en el café con leche.


Lo más probable es que el muy guacho permanezca en el fondo, confundido con las piedras vulgares y las hasta más bellamente bruñidas.


¿Qué haremos con nuestra colección de piedras? Dividirla en dos partes exactamente iguales. Y me chupa bien un huevo lo que hagas vos con la tuya (quizás construyas altares para adorar dioses tristes).


El diamante sigue en el fondo de la mierda cagándose de risa de nosotros.

(02/10/2003) (no-Relatos)

Un poemita en prosa sobre esas búsquedas que uno hace en sociedades dudosas y que buscan grandes recompensas. O un relato sobre la frustración que uno se busca solito o en pareja.


Medianía

Una sensación que se escribió hace años, y que, ahora, parece igual...

Todos tenemos algún ritual que se repite, casi, todos los días. Es más que nada una costumbre, y una costumbre mas bien tediosa...


Por eso, a veces, buscando renovarnos, soltamos corchos medio mareados hacia cielorrasos un tanto bajos. En todo caso, nuestras cabezas algo dormidas encuentran hábitos medianamente tolerables y un pequeño amague de fastidio (tirando a incontrolable) nos termina por arruinar un día apenas recordable.


Ya ves. Ninguna felicidad es completa.

(01/10/2003) (no-Relatos)

Una sensación que se escribió hace años, y que, ahora, parece igual...

Reset

Cuando el costo de mantener
la máquina funcionando
interfiera notoriamente
en su feliz usufructo
será mejor reiniciar
y confiar
en que
el Sistema Operativo Universal
prevea alguna forma de reinicio
que vaya más allá
de la simple disolución que sigue al apagado
y que es consecuencia de la acción
de otros tenaces organismos
que degradarán nuestra materia
reciclándola
devuelta a la corriente ciega de la vida
que sin mayores problemas
habrá prescindido de nosotros (12/09/2003) (no-Relatos)






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