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Nota

Archivo de Glosa: anotaciones por orden cronológico.



Lucas Pizarro y sus reflexiones sobre el tiempo

"Yo sí que no puedo parar de joder: se me dió por reparar en el hecho evidente de que la eternidad se divide en dos períodos que, en la medida en que tienden ambos al infinito, se pueden considerar de magnitud igual. Que la eternidad se divide en mitades, eso.

La primera mitad está constituida por la monstruosa masa de tiempo durante el cual uno ni siquiera ha existido. La otra mitad es la monstruosa masa de tiempo durante el cual uno se encontrará en un estado aparentemente perdurable, al punto que dirán: "está muerto", así, en presente, aún cuando ya haga décadas que no queda del muerto ni el polvo.

Entre las dos mitades está uno, igual que un mojón: a todos los fines prácticos y teóricos, de magnitud irrelevante."(03/10/2005) (Digresiones)



Lucas Pizarro, la hermenéutica, o el arte de opinar livianamente sobre el nombre que tendrán los hijos de otros

...no me disgusta Casandra, aunque la historia no es muy feliz, tratándose de una griega: Casandra fue la naifa que predijo el caballo de Troya y a la que nadie le dió bola, porque, dicen, Apolo le había dado el don de la profecía a cambio de un olímpico polvazo y parece que la mina, ni bien tuvo el don, se hizo la estrecha y lo dejó a Apolo con las bolas en la mano. De lo cual se desprende que Apolo era medio boludo y completamente masculino. Semejante afrenta merecía una maldición y luego de pajearse helénicamente, Apolo la cagó a Casandra con la jodita de poder profetizar, sí, que ya le había dado el don (o donado el dado, que debería ser lo mismo pero que por esas cosas de la lengua no lo es) decíamos, profetizar, pero sin ser tomada en serio jamás. Así, la mina se pasó la vida anunciando desgracias al pedo.

Cuando los aqueos entraron en Troya comandados por Brad Pitt, hiceron bolsa todo, como es sabido, y se llevaron a la papusa como parte del botín. Se la quedó Agamenón, que, caliente como una pipa, parece ser que es el primero que se la logra garchar. No sabemos si eso funcionó como conjuro contra la maldición de Apolo, es decir, si desde entonces Casandra pudo profetizar con eficacia o si, si siguió siendo ignorada, al menos ya no tenía visiones del futuro. En todo caso, se habrá hechado sus buenos polvos con Agamenón, que, a la postre, como se dice, le hizo dos hijos, gemelitos, a la usanza griega (¿por qué en todos los mitos griegos hay gemelos en alguna parte?).

Con esa rara organización del tiempo que tienen los griegos, todo eso pasó antes de que la parejita llegara de vuelta a Micenas, tierra del Agamenón, donde resultó que lo esperaba Doña Clitemnestra, esposa del susodicho, que, ante la bonita novedad, se cargó a los dos. (Parece que Casandra se lo había avisado al Aga, que no le creyó, para variar y demostrando inapropiada mi hipótesis sobre el conjuro por vía sexual.) Mis fuentes no aclaran si Clitemnestra se los cargó con veneno o con métodos más sangrientos, si mediante la intervención de un monstruo fantástico o de la mano de un semidiós, o si fué con la indiferencia (aunque parece que un tal Egisto, que a la sazón se la movía a Clitemnestra mientras el maridito andaba conquistando troyas, tuvo algo que ver). La cuestión es que Casandra termina bajo tierra (o en un panteón griego, chi lo sá), cosa que en definitiva nos pasará a todos y que por lo tanto me lleva a preguntarme qué tiene de especial esta historia. (26/04/2005) (Superfluos relatos)

...no me disgusta Casandra, aunque la historia no es muy feliz, tratándose de una griega: Casandra fue la naifa que predijo el caballo de Troya y a la que nadie le dió bola, porque, dicen, Apolo le había dado el don de la profecía a cambio de un olímpico polvazo y parece que la mina, ni bien tuvo el don, se hizo la estrecha y lo dejó a Apolo con las bolas en la mano. De lo cual se desprende que Apolo era medio boludo y completamente masculino. Semejante afrenta merecía una maldición y luego de pajearse helénicamente, Apolo la cagó a Casandra con la jodita de poder profetizar, sí, que ya le había dado el don (o donado el dado, que debería ser lo mismo pero que por esas cosas de la lengua no lo es) decíamos, profetizar, pero sin ser tomada en serio jamás. Así, la mina se pasó la vida anunciando desgracias al pedo.

Lucas Pizarro y sus reflexiones sobre el dinero

"¿Es acaso el tiempo dinero? La conocida máxima "Time is money" es uno de los ejes de la moral economicista (norte)americana. Una frase tan terminante, pregnante y ampliamente repetida como verdad, merece un mínimo de análisis.

Podemos comenzar por ponderar o sopesar el término "dinero" de esta pretendida igualdad.

En principio cabe recordar que el dinero, o moneda, surge como una muy sagaz solución al problema inmediato a la puesta en funcionamiento del instituto de intercambio económico más básico conocido por el hombre (anche la mujer), a saber: el trueque.

Mientan los que saben, que el trueque se basa en una improbabilidad económica: que dos personas, que poseen cada una lo que la otra necesita o desea, se encuentren en el propiciatorio ámbito del mercado dispuestas, como es de suponer, a trocar los bienes de que se trate.

Es simple, claro y evidente, que esta condición se torna más extraordinaria cuanto más se diversifica una economía y se especializan sus agentes. Que la misma mañana que el pescador tiene ganas de comer carne el cazador quiera comer pescado es una casualidad que, en principio, empobrece la dieta de ambos.

Así, mentes avispadas dieron con la idea de pertrechar a los agentes económicos con algún objeto equis capaz de cumplir una función que por ese mismo acto se creaba: dar crédito.

A lo que se daba crédito, conviene decir, es a la suposición de que quien portaba el objeto equis podría en cualquier momento trocarlo por cualquier cosa que deseara, aunque el candidato a receptor del objeto equis quisiera obtener, no el tal objeto equis, sino algún otro objeto, llamemosle zeta. El sistema se basa en la idea de que un sujeto que obtuvo equis a cambio de, pongamos por caso, el anca de un antílope, podría encontrarse con un proveedor del objeto zeta del ejemplo y obtenerlo a cambio de equis, en una cadena que se repite ad infinitum, que es un decir.

El crédito se basa en esa confianza, lo cual es, si se lo piensa, un pleonasmo.

Los manuales escolares nos han hecho a la idea de que si no el primero al menos el más notable de estos sistemas de crédito se basó en la sal, de donde nos quieren hacer creer que proviene el término "salario", como si el tal sistema y la palabra en cuestión hubieran sido contemporáneos.

Se trate de sal, de oro o de papel moneda, la función del objeto que hace posible el crédito es la misma: permitir la separación de oferentes y demandantes, que ya no deben encontrarse uno a uno y personalmente en el mercado sino que pueden cambiar sus bienes y servicios por el bien que hace las veces de moneda, aunque no lo necesiten especialmente, en la confianza (o sea, habiendo dado crédito a la idea de que) podrán usar ese mismo bien para, a su vez, obtener los bienes y servicios que efectivamente desean.

Ahora bien, rápidamente es claro para el entendimiento que esta ausencia de correspondencia entre el objeto requerido y el medio para su obtención (una de las primeras soluciones "digitales" inventadas por nuestra especie) abre a la posibilidad de que los receptores del objeto equis no conviertan ese objeto en mercancías en forma inmediata, y aún cuando lo hagan, no lo hagan en su totalidad.

Hete aquí lo que, según he oído, los economistas llaman "ahorro". Otorgado que sea el crédito a la idea de que usted puede cambiar sus pedorritos billetes, sacos de sal o lingotes de oro por, digamos, una coca cola, una tropa de camellos o unas tres o cuatro esposas, es probable que conserve ese bien con el fin de utilizarlo cuando más le convenga o simplemente acumularlo o multiplicarlo mediante especulación financiera, fenómeno social cuya descripción excede (lo mismo que los temas que de todos modos abordamos, a decir verdad) los límites y posibilidades de este opúsculo.

Ahora bien, ninguna de estas propiedades y funciones puede predicarse del tiempo. Cualquiera que haya pasado la barrera de los treinta años sabe que el tiempo no es acumulable ni, mucho menos, convertible.

Desafío a usted a hacer efectiva la idea de "ahorrar tiempo", pero sobre todo, lo desafío a ejecutar el tiempo ahorrado en una oportunidad de su conveniencia, digamos, al momento de su muerte, por ejemplo.

También quisiera ver a esos señores que dicen que el tiempo es dinero acumulando tiempo de modo tal que puedan hacer un depósito de tiempo a plazo fijo, supongamos, a sesenta días, al término del cual podrán disponer en forma líquida de, por decir una cifra arbitraria, un 10% más de tiempo que el depositado, por lo que un sujeto que hubiera depositado 100 años podría disponer a su antojo de 110.

También es claro que difícilmente usted puede convertir el dinero en tiempo: por más horas extra que usted haya cobrado en su vida laboral, difícilmente podrá convertir esas horas extra en la tarde aquella que permaneció en su trabajo mientras acontecía aquel hecho irrepetible que en realidad era de su interés (confieso: estoy pensando en esos momentos únicos que algunos padres pasan con sus hijos, que se perderán en el tiempo -justamente- como lágrimas en la lluvia).

Es oportuno apuntar que usted no puede cambiar su tiempo de hoy por tiempo de ayer o de mañana. Por más que su jefe insista en que hoy se quede dos horas más para terminar aquel informe, a cuenta de un franco compensatorio, hoy es hoy y el día del franco compensatorio será otro día, con una constelación distinta de planetas.

Cualquiera que tenga hijos (y mantenga con ellos ese vínculo que nuestra cultura denomina "amor") sabe que, por ejemplo, sus hijos no podrán heredar todo el tiempo que usted se haya ahorrado (está claro que si para usted sus hijos no son más que un accidente o una fatalidad de la lógica reproductiva, los problemas de la herencia le importan un pito).

En resumen, y como dice el célebre poeta argentino contemporáneo Don Carlos "Indio" Solari, "vivir sólo cuesta vida". Lo demás es una trampa macabra para que algunos hagan dinero a costa del tiempo de la mayoría.

(No me vengan con boludeces: aquí se discute el copulativo "es", que tanto en nuestra lengua como en el inglés expresa, en este caso, la identidad entre dos fenómenos de esencia así declarada igual. Desde nuestro punto de vista, el tiempo NO "ES" dinero. Que usted en cierto tiempo crea que puede hacer o gastar una determinada cantidad de dinero y que tome decisiones basado en esa creencia habla de su madurez y de su adaptación al mundo que le toca, pero no de la naturaleza de las cosas ni del funcionamiento de la lengua.)"

(N. del E.: En http://edition.cnn.com/2002/TECH/science/05/29/time.money/index.html podrán encontrar la formúla mediante la cual alguien que opina lo contrario a lo vertido aquí pretende calcular cuánto vale el tiempo expresado en dinero)(14/09/2004) (Digresiones)

"¿Es acaso el tiempo dinero? La conocida máxima "Time is money" es uno de los ejes de la moral economicista (norte)americana. Una frase tan terminante, pregnante y ampliamente repetida como verdad, merece un mínimo de análisis.

Las fanfarronadas sexuales de Lucas Pizarro

En el bar de Marcos la banda había terminado de tocar. Entonces lucas citó a un amigo: "mentir hazañas es la mejor parte de la conversación", dijo que dijo y todos estuvimos de acuerdo.

"-¡Potro! ¡Divino! ¡Te amo!


Dos adolescentes en moto suelen gritar este tipo de cosas.


-Bajensé, che...


Me salió seco y cortante. A pesar del tránsito y de que iban por la mano contraria a la mía, las flacas pararon la moto.


La verdad que no me sentía de lo más seductor con mi bolsa del supermercado caminando por la banquina de esta avenida interurbana, en el medio del descampado paralelo a las vías, pero aún así puse la sonrisa menos ridícula que se me ocurrió y me dispuse a esperar a ver si las pibas se me acercaban o volvían a iniciar la marcha.


La inercia nos había separado 150 metros, pero en un alto del tránsito las minitas cambiaron de mano y se me acercaron.


Traían la moto de tiro y me dieron tiempo de observarlas. En realidad, se tomaron el tiempo de observarme, venían cuchicheando entre ellas. La que manejaba la moto, y que ahora la traía a la rastra, era mas bién rubiona, de ese castaño claro típico de las criollas nietas de italianos del norte, de rasgos regordetes, y si bien no era gorda, se veía más redonda de lo que podría llegar a la tapa de una revista. Traía una campera de jean celeste y un pantalón de jogging gris. La amiga, visiblemente nerviosa, no paraba de murmurarle al oído. Era más morocha, de rasgos angulosos y punzantes. Era muy bonita y muy flaca. Traía un pantalón tres tiras azul y el pelo negro recogido.


-Mirá, la verdad no creo que se trate de amor.- dije queriendo hacerme el vivo. Se rieron pero no dijeron nada.


-Si son tan guapas, vamos a hechar un polvo de parado acá, en el descampado.- dije, buscando la forma más soez. La rubia pareció excitarse.


-¿Y podrás dejarnos contentas a las dos?. - La amiga le tironeó de la campera y le dijo a media voz "¡¡Pará, boluda!!".


-Eso depende también un poco de cuanto te esmeres.. - le respondí, sintiendo que toda la literatura erótica y el cine porno eran incapaces de brindarme un repertorio apenas apropiado para no parecer un pelotudo. Así que me dispuse a hacer de pelotudo. Estas pibas no estaban buscando un Brad Pitt que les hiciera un lindo verso, lo cual me daba ventaja.


-¿Te gusto? - me dijo la rubia.


-No se trata de eso. Se trata de que me calientes bien. - si no se cagaba de risa ante el insulto y se subía a la moto, ya tenía el polvo asegurado.


Se sonrió. La amiga se le acercó al cuerpo y le volvió a tirar de la campera.


-Vamos- dijo la dueña de la moto.


-¿Tu amiga viene también?


-Dale, vení, boluda.


En ese momento se me hizo un nudo en el estómago. No tenía forros encima. Había un kiosco en frente, pero iba a tardar una eternidad en ir y volver. Y las flacas se iban a rajar. De todos modos, a fin de probar que soy un pelotudo, me lancé.


-Ahora vengo.


Y me mandé a cruzar la avenida. La mano en que estábamos fue fácil, pero de la otra mano circulaba la enorme masa de gente que volvía de la capital.


Me dí vuelta a ver si había errado la apuesta y ví a las pibas cuchicheando, serias, tensas. Volví a girar sobre mí y esperé un hueco en el tránsito para cruzar.


Compré los forros y me dispuse a volver donde estaba las minitas. Las veía reírse y empujarse nerviosamente. Un "boluda" cada tres palabras.


-Bueno, vamos allá, debajo de las vías.


Ya estaba anocheciendo y no hacía mucho frío. Debajo del puente la rubia dejó la moto en el suelo y se quedó dura. No sabía como seguir. La amiga la miraba a ella y a la moto.


Me acerqué a la rubia y le dí un beso en el cuello. Pensé que la presión arterial me haría explotar los tímpanos. La piba inclinó la cabeza para dejarme hacer. Le empecé a sobar una teta. Una teta grande.


La tomé de una mano y me acerqué a la amiga. El mismo plan. Le besé el cuello. Me abrazó.


Buscamos el lugar más oscuro debajo del puente y nos tiramos al suelo. Estaba húmedo, pero no nos iba a importar llegados a ese punto.


Le agarré la mano a la morocha y se la guié a mi bragueta. Mientras besaba a la rubia, la morocha me empezó a pajear. Tenía una mano chica, huesuda, sentía sus falanges finas alrededor de mi pija y me la empezó a mover un poco bruscamente. Las manos de mujer suelen ser torpes para pajear, pero ese es el encanto: la falta total de pericia y acomodación.


Yo le seguía sobando las tetas a la rubia. Le levanté la remera y le corrí el corpiño hacia arriba, sin desprenderlo. Las tetas le quedaron ligeramente aplastadas. Se las empecé a chupar. La piba retorció levemente la espalda y lanzó un suspiro. La otra empezó a buscarme el rostro y me besó, buscando mi boca. Quería apartarme de la amiga. Yo acepté el cambio y dejé de chuparle las tetas a la rubia, que se incorporó y bajó a chuparme la pija.


Es difícil describir como es una boca cuando te chupa la pija. Tenés la sensación de estar completamente abrazado, en la medida de que tu ego acepta permanecer apegado a tu poronga. Tenía una boca cálida y labios fuertes. Subía y bajaba con suavidad y con la punta de la lengua me acariciaba el anillo del glande.


Intenté tocarle las tetas a la morocha, pero me rechazó con firmeza. Me alcanzó para notar que casi no tenía tetas. Me agarró las manos y las llevó a su entrepierna. Me gusta acariciar conchas vestidas. La bombacha les dá una forma suavemente curva y una densidad carnosa y tupida. Empezó a mover la pelvis en vaivén.


La amiga giró y me dejó el culo cerca de la otra mano. Entendí el mensaje y le bajé el pantalón y la bombacha. Interrumpí los besos que le daba a la morocha para mojarme la mano con saliva.


Le metí dos dedos en la argolla a la rubia.


-Está argolla no está muy caliente todavía...- dije, inspirado. La flaca suspiró y empezó a mover el culo en círculos, jugando sola con mi mano.


-¿Me la chupás? - dijo la morocha, casi con miedo.


-Dale.


Se incorporó y se sacó una pierna del pantalón. Yo me recosté, sin sacar la mano de la concha de la amiga, que me estaba lamiendo las bolas.


La morocha puso una rodilla a cada lado de mi cara y empecé a chuparselá. Tenía un clítoris chiquito y puntudo. Sabía a vinagre y limón. La piba puso las manos en el suelo, inclinada hacia delante.


La amiga le metió un dedo en el culo. La morocha suspiró, largamente, varios segundos de exhalación lenta. Se movía lindo. Bailaba en cada movimiento.


La rubia tenía la concha cada vez más mojada. El flujo era denso, una crema que se me adhería en los dedos. "Hasta sacarle espuma". Me vino la frase de Miller en uno de los trópicos. Y me calenté más. Y le metí otros dos dedos. Ya le tenía metida media mano.


La rubia empezó a hacer un ronroneo suave y continuado. Una vibración de baja frecuencia me sensibilizó la punta del choto.


Estuvimos así un rato.


-Quiero que me la metas. - dijo la rubia. Y se incorporó y se sentó sobre mí, abrazando a la amiga por detrás. La morocha se dejó agarrar las tetas ahora.


Yo estaba recaliente.


-Pará - le dije a la rubia - En mi campera hay unos forros, poneme uno...


La piba se inclinó sobre mi campera sin sacarse la pija de adentro.


La morocha me empezó a agarrar la cabeza y me empujaba contra su concha.


La rubia se separó de mí y me agarró la pija. Ya había sacado el forro del estuche y me lo puso. Me movió la poronga con las manos tres veces, rápido, fuerte.


Creí que acababa, pero pude resistir. Volvió a sentarse sobre mí y se metió la pija despacio. Yo sentí su concha abrirse de a poco para recibirme.


Volvió a agarrar a la amiga por las tetas. Yo le acariciaba la cintura y el ombligo. Llevé mi mano por su espalda y le metí un dedo en el culo. Me apretó la cabeza más fuerte contra la concha. Casi la muerdo.


Tenía olor a vinagre y limón por toda la cara.


-Pará rubia, quiero saber que gusto tenés.- dije al rato.


Así que cambiamos. La morocha se me sentó encima y se metió la pija bien adentro, de un solo golpe, con voracidad de predador abisal.


La rubia tomó su lugar sobre mi cara. Tenía el clítoris grande como una frutilla, e igual de duro. Fue un placer chupársela. Tenía un sabor como de nuez moscada y ácido de frutas.


Se quedó quieta. La morocha empezó a saltar sobre mí. Se sacaba y metía la pija entera en cada empujón. Yo sentía su carne abrirse violentamente.


La rubia sonreía, porque los saltos de la amiga imprimían a mi cara unos movimientos abruptos y sorpresivos.


Yo dejé la boca y la lengua quietos en una posición, las manos a los lados, para sostenerme. Yo ya no estaba ahí. Las pibas estaban cogiendo solas.


La morocha empezó a gritar ahogadamente. Iba a acabar. La rubia sonreía, inmóvil, las manos en las tetas, apenas sosteniéndolas, sin presión.


La rubia hizo una mueca y sentí como su vientre se estremecía, desde lo más profundo, un sacudón rápido. Acabaron juntas. La morocha con un grito retenido y sin parar de saltar. Siguió metiéndose y sacándose la pija por un rato más. Yo acabé. Un estremecimiento en todo el cuerpo y un enorme calor en el glande.


La morocha aflojó las piernas y dejó su peso sobre mí. Empezó a frotarse el clítoris contra mi vientre, despacio, sin sacarse la pija de adentro.


La rubia me acarició el pelo y se retiró hacia un costado, quedando arrodillada. La miró a la amiga, que con los ojos cerrados, seguía con su danza suave.


Agarró su pantalón y se acomodó el corpiño.


-Vamos, che.- le dijo a su amiga, que recién ahí pareció despertarse. Se incorporó y también se acomodó la ropa.


Yo me levanté el pantalón y me lo prendí. Todo en total silencio.


No cruzamos una palabra. La rubia levantó la moto y encaró para la avenida. Salimos juntos de abajo del puente.


Cuando llegamos junto al asfalto la rubia prendió la moto. Atrás se sentó la morocha.


-Chau.
-Chau
-Chau


Se alejaron hacia el pueblo y alcancé a ver que no cruzaban palabra.


Yo seguí caminando, con la bolsa del supermercado en la mano y una buena historia para fanfarronear con mis amigos."


(07/11/2003) (Superfluos relatos)

En el bar de Marcos la banda había terminado de tocar. Entonces lucas citó a un amigo: "mentir hazañas es la mejor parte de la conversación", dijo que dijo y todos estuvimos de acuerdo.

Datos acerca de Lucas Pizarro

En "Borrador hallado en un disquette de 51/4" hay una reflexión de un tal lucas pizarro. Aquí, algunas impresiones sobre su persona.

lucas pizarro a veces delira. A veces sólo tiene miedo, y otras veces lee a Nietszche. lucas pizarro no sabe que delira. No sabe a qué le teme y mucho menos entiende a Nietszche. Pero eso no le impide escribir. A veces escribe poemas de amor. A veces cuentos de delirio. Y otras veces quiere dormir, o partir, que es morir un poco. Pero siempre antes de irse a dormir se toma un mate o una cerveza, cosa de estar seguro de levantarse a mear.


Me lo ha confesado en largas noches frente al equipo de música, escuchando "Discipline"...

(29/09/2003) (Superfluos relatos)

En "Borrador hallado en un disquette de 51/4" hay una reflexión de un tal lucas pizarro. Aquí, algunas impresiones sobre su persona.




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