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El futuro llegó, hace rato, dijo el profeta caído. Y naves espaciales huecas, sordas, mudas y tontas, flotan a la deriva, insufladas por sus propios automatismos, habitadas por un pasaje que sigue comportándose como si nada, algunos quizás al tanto del drama, otros en ignorancia. Cuestión de escala, capaz. ¿Qué distingue a la nave donde Hal 9000 lleva su carga de bichos humanos en estado de hibernación del planeta entero? La escala. El horror de Kubrick (el de Clarke) estaba en la evidencia de esa cuestión de escala, se me antoja a los fines de lo que quiero pensar ahora: la deriva planetaria, la deriva de la nave enloquecida y, ya, ahora, en este mismo instante, la deriva de una comunidad virtual: Bitacoras.com.
Bitacoras.com es una nave loca que lleva a la deriva un montón de blogs, un montón de bloggers. El servicio anda (mal, anda) en piloto automático desde hace un tiempo, y los que se habían autoproclamado sus pilotos, responsables y creadores, callan, se ausentan. Podemos imaginar una diáspora a la caza de mejores oportunidades de negocio, un dolor de muelas colectivo, lo que quieran: no están, no saben, no contestan. Pero al irse no apagaron la luz y, sea cual fuere la razón, Bitácoras.com (qué difícil evitar la rima) está en manos de su software.
Y las ratas, antes de que el barco se hunda (o la nave se estrelle contra un asteroide o sea víctima de los rayos gamma), saltaremos, cuestión de escala, al primer tablón que flotando nos cruce, para alcanzar alguna nave que parezca tener tripulación, más que nada por comodidad, para no detenernos demasiado a pensar que, sea como fuere, vamos a la deriva.