Archivado en: Digresiones
En un comentario a un post anterior, Luciana dijo:
"Che, Pablo, te cuento que el mundial a mí (hoy, 30 de junio, día en que lamentablemente "siamo fuori della copa"), más que bifronte se me presentó caleidoscópico. Tuve muchas emociones juntas (o sucesivas): duda (nos van a hacer percha), sorpresa (epa! Argentina arrancó muy bien), alegría (y juegan lindo, che), esperanza (en el segundo tiempo se viene el gol), bronca (referí, referí, de la cancha no salís), euforia (goooool), esperanza empática (vamos, muchachos, que ahora haceMOS el segundo), miedo (el arquero lesionado!), recaída (empate), todos los sentimientos anteriores otra vez (a ver si estos hdep hacen otro gol), esperanza mística (vamos a ganar, Dios es argentino), recaudo cabalístico (volvé a sentarte en el lugar en que estabas), suspenso mortal (penales), tristeza (de esa que durará poco, porque mañana el mundial volverá a importarme poco y nada) y total
y absoluto agotamiento, como si hubiese corrido 120 minutos sin parar."
Espero no estar faltando a ninguna etiqueta blogueril al transcribir completo un comentario, pero me parece que ese comentario es mas bien un post, y como Luciana tuvo la amabilidad de escribirlo aquí, aquí lo posteo. Y esto que escribo yo sería, entonces, un comment a su post: su texto, sintético, elabora una encantadora lista de arrebatos del alma. A mí, no deja de impresionarme cómo aún uno, que no llega al fútbol desde un apasionamiento previo o esforzadamente cultivado, sufre, espera, se come las uñas o amasija la tapa de la cerveza que cayó en sus manos, y sufre la tristeza.
Pero también, el comentario de Luciana, señala el límite saludable a todas esas intensidades: mañana, por no decir hoy mismo, el mundial ya no me importará nada, a mí tampoco, y comenzarán a aburrirme las discusiones sobre si Peckerman, si Cambiasso, si el referí o si la pelota dobla.
Hace unos días, Tino Hargén, también en un comentario, pero en su blog, decía que
"la clave del fútbol es que reconcilia a la gente con el pensamiento mágico, la más salvaje racionalidad de la especulación matemática del resultado convive con los efectos animistas de pretender controlar la gran dosis de azar de unos accidentes físicos que suceden en un campo".
Ahí está: entregarse a la irracionalidad de las pasiones a que nos convoca el mundial, dejarnos llevar por el ritual, la ceremonia, suspender el juicio, como el personaje de Eco (con perdón de la cita ;-) que de repente está bailando en éxtasis en una ceremonia umbanda (con perdón del escenario).
Y después volver al dominio que habitualmente nos sujeta, agotados, como si hubiéramos corrido 120 minutos sin parar.
una ceremonia umbanda tiene muchos más puntos en común con el ritual futbolero de lo que una gran mayoría sospecha. un abrazo.
Comentario de vadinho el el 07/02 a las 15:00