Archivado en: Superfluos relatos
"Todo esto no explica nada, ya lo sé. Pero todo forma parte de todo."
George Simenon, Les mémoires de Maigret.
-...bueno listo, me voy a ver a mi contador.
-Ocá... che, ¿cómo se llama tu contador?
-Floreal Mercante.
-¡No me digas!
-Si, mirá vos, llamarse Mercante y dedicarse a la contabilidad. Atravesado por el significante.
-No, no es por eso, es que yo conozco un Floreal Mercante.
-Me estás cargando. No puede haber por ahí muchos tipos que se llamen Floreal y que no hayan interpuesto un recurso legal o intentado el suicidio. Menos, dos que tengan el mismo apellido...
-Y que sean contadores... ¡demasiado!
-¿Contador también? No puede ser, deben ser la misma persona, ¿de donde lo conocés?
-De Guaminí. Era el contador del pueblo. Era muy buen tipo, en definitiva, a pesar de llevar un nombre cómico. Lo llevaba con mucha dignidad. Una dignidad contable.
-No, entonces no son el mismo. El que yo conozco vive en Floresta...
-"Floreal de Floresta". Si deja un mensaje en un programa de encuentros, pensás que el productor exageró en el bolazo.
-Ja, si, pero bueno, vive en Floresta y que yo sepa no se movió nunca de ahí.
-¿Y cómo es?
-Un tipo alto, flaco, con una cabeza rara con forma como de pera al revés, esas cabezas de extraterrestre...
-...con un gran volumen dedicado al cerebro y un mentón chiquito. ¿Medio morocho y con poco pelo?
-¡Si, igual! Al de Floresta le gusta el golf.
-No jodas... el de Guaminí era el secretario del Club de Golf.
-No, este no tiene ningún cargo, juega nomás.
-Mirá qué curioso. Bueno, che, si podés decile que lo voy a llamar, necesito ayuda para poner en regla mis cosas. Hace meses que estoy con unos kilombos que te la voglio dire...
-Oquei, este tipo es macanudo. Y no te mata con los honorarios.
-Joya, bueno, nos vemos...
-Chau, suerte.