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Trátase de una antología del cuento argentino. Hay de todo, como en botica, y de todo lo que hay están los que tienen mérito histórico, valor arqueológico, genuino interés actual...
Pero no vamos a hablar de la antología, sino del curioso efecto que me atacó de golpe en uno de los cuentos que, a pesar de (el antedicho efecto), más me gustó.
Érase un cuento de Ricardo Piglia, de título "El Laucha Benítez cantaba boleros", que narra la historia, el vínculo, entre dos boxeadores. No diremos más, salvo que al protagonista se lo dice platense y, en un momento de la historia, vuelve a su ciudad, dando al autor la oportunidad de decir que
Caminó por las calles desiertas, en el ardiente calor de la siesta de febrero, enfundado en una tricota negra de cuello volcado, llamando la atención con su cuerpo tan alto, con su figura estrafalaria, sin mirar a la gente que se daba vuelta para ver pasar a ese gigante rubio; atravesó el espeso y dulce aroma de los tilos y buscó el Club Atenas como quien vuelve a casa después de una tormenta".