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...mi blues de las seis y treinta de cada día me ha dado a saber que el sol ha iniciado su irrefrenable curso hacia la gragea de muerte del invierno. Una oscuridad tímida y fugaz me espera en el momento de la alarma y se evapora como una ilusión antes de que termine de lavarme los dientes. Sin embargo, yo ya lo sé: el verano está muriendo y una melancolía conocida empieza a empañar mis mañanas.