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La elaboración del falso vitel toné constituye una práctica básica de la cocina actual. El origen de esta receta se remonta a los inicios de los tiempos modernos. Algunos eruditos aseguran que el falso vitel toné es en realidad la receta original, que habría sido llevada hasta la composición del actual vitel toné por cocineros franceses de fama menos heroica que Monsieur Vattel.
En esta corriente de opinión, Ambroise Depardini argumenta que la historia del plato resulta, al menos, paradójica, ya que el verdadero vitel toné no sería sino una deformación del falso, con lo cual este último resulta el verdadero, como era de esperarse.
En la actualidad, el rasgo más característico del falso vitel toné es la ausencia de alcaparras. Diversos intentos por utilizar coquitos de tuyas u otras coníferas han resultado en sonados fracasos, como la oportunidad en que un plato de falso vitel toné le fué servido a la Duquesa de Estrasburgo durante la cena de fundación de la Cruz Roja local. Los duros coquitos de tuya que intentaban emular a las alcaparras provocaron daños irreparables en las encías de la dama, hasta entonces de belleza envidiable. Madame de Filimbourg, quien juraba que en su plato no había coquitos de tuya, dió a entender que el experimento había sido realizado a conciencia por uno de los cocineros, a quien sindicó no muy solapadamente como amante de la duquesa, y al que acusó de haber actuado movido por los celos y por la certidumbre de que la aristócrata jamás condescendería a abandonar a su marido para huir con él a tierras eslavas.
Antecedentes como ese han llevado a que la receta actual sencillamente omita las alcaparras que, después de todo, no son del gusto de nadie.
El otro gran desafío que los cocineros afrontan en la elaboración del falso vitel toné es representado por el pescado que integra la salsa. Hacia 1906, un restorán de la por entonces tan afrancesada Buenos Aires era célebre por su vitel toné. Análisis contables de la época, sin embargo, demostraban que ese restorán no había recibido jamás entrega alguna de atún ni de anchoas, lo que prueba que el vitel thoné era falso.
Otro caso documentado se conoció durante la cena celebrada en el Jockey Club de La Plata con ocasión del 10° aniversario de la colocación de la piedra fundamental de la ciudad, cuando fue servido un vitel toné para el que no se usó mayonesa alguna. En su diario, Joaquín Cáceres, jefe de la cocina de la institución, dice:
"Faltaban 40 minutos para presentar la mesa fría y la entrega de huevos para la salsa de Mayón no había llegado a nuestro depósito. Decidí enviar a uno de los mozos a reclamar al proveedor, mientras uno de los ayudantes de cocina comenzaba a batir una salsa con los pocos huevos que nos quedaban de otros platos. Recuerdo que el joven fue víctima de las bromas de toda la cocina ya que, como a una jovencita embarazada, se le cortó la salsa (dicen que el muchacho gustaba de la íntima compañía de otro de los ayudantes). Ante la urgencia de presentar el plato, y al no tener novedades del mozo, recurrí a mi imaginación y preparé una salsa de apariencia y sabor similares a los de la salsa de Mayón, ligeramente más ácida que lo que cabía esperar, pero que combinaba agradablemente con el atún y las anchoas."
La receta creada por Cáceres se fué con él a la tumba (la tumba 109 del cementerio de La Plata, que algunos estudiantes de cocina muy posmodernos habrían profanado recientemente con el ánimo de recuperar la receta) y hoy desconocemos el modo en que el cocinero salvó la falta de huevos.
Sin embargo, el extremo más flagrante en la elaboración de un falso vitel toné es el alcanzado por cierto restorán vegetariano de Barcelona, que sirve un falso vitel toné sin carne, sin mayonesa (ya que los huevos son de origen animal) y por supuesto que sin pescado. En la revista Ego, Miguel Brascó se preguntaba si tal preparado chichipío podía considerarse un falso vitel toné bien debute cuando no pretendía pasar por el verdadero. En el número siguiente, Martín, de Floresta, se preguntaba si era condición sine qua non que el falso vitel toné pretendiera suplantar al verdadero para que se tratara de uno efectivamente falso. La pregunta dió lugar a una humorada del gran escritor Brascó, que algún coleccionista puede aún atesorar en su hemeroteca y proveernos para citar aquí in extenso en futuras revisiones de este artículo.
En todo caso, el falso vitel toné es la estrella de las cenas navideñas argentinas, por definición, falsas cenas invernales, donde las familias se reúnen junto a un falso pesebre a esperar la llegada de un falso Papá Noel, sucio de falsa nieve, para traer regalos a niños que esperan con una ansiedad a todas luces (luces de arbolitos falsos) verdadera.
En realidad el artículo no aporta nada sobre el falso o verdadero vitel toné. Lo que me resulta realmente increíble es la afirmación de este señor Pablo, en el sentido de que las alcaparras no le gustan a nadie. Por favor, pibe, largá el tinto que te hace decir disparates.
Comentario de Mario el el 03/15 a las 16:14
Jajaja. Bueno, a mí las alcaparras me gustan. No mo enloquecen, pero me gustan, pero parece que al cronista de esta historia le gustaba más el vino...
Comentario de Pablo el el 03/17 a las 15:28
La verdad Pablo es que yo te banco a muerte, las alcaparras son asquerosas. Si en verdad la intención del falso vitel tone es desplazarlas de la receta, entonces estoy dispuesto a hacer una campaña a favor de tal falacia.
Comentario de Ignacio el el 12/23 a las 22:24
Hola Ignacio, gracias por el apoyo, el Partido Pro Eliminación de las Alcaparras de la Receta del Vitel Toné (PPEARVT) necesita de hombres decidos y de firmes convicciones. Que las alcaparras sean desterradas de la receta a punta de tenedor y obligadas a caer en el escote de la morocha tetona esa que está sentada ahí...
Comentario de pablo el el 12/26 a las 09:57