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¡Cómo no enamorarse de Daisy Trinidad López!
Si su pelo castaño parece diseñado sólo para caer sobre su rostro y permitirle hacer ese mohín mágico que es una invitación a besarla.
Si sus ojos grandes, brillantes como la luna, del gris-celeste del cielo de Buenos Aires, te miran sabiendo que guardás un secreto. Si sus cejas parecen pintadas por Rafael.
¡Cómo no enamorarse de Daisy Trinidad López! Si sus pómulos advierten del vigor de las hembras que no perdonan, si sus labios finos son acuarelas y su sonrisa un regalo, pero no un premio.
Si tiene unos hombros de horizontalidad marina y redondez frutal, hechos para llevar un bretel finísimo con la gracia con que una garza acecha en el río, bretel que te dirá el camino por su pecho de apariencia tersa, saltando el desvío delicioso de sus clavículas, para llegar a unas tetas firmes y grandes.
Pero es entonces que notás que a la altura de su última costilla la cintura no parece anunciarse. Descubrís que sus piernas podrían haber sido bellas, pero no lo son, y allí donde termina su pantalón pescador, la piel extremadamente blanca de las pantorrillas no puede ocultar unas várices pequeñas pero irreversibles.
Cómo no pensar que la principal prenda de trabajo de Daisy Trinidad López es el mostrador de la tienda de diseño de su padre, allí, en el barrio de Usaquén, que le dicen: Santa Fe de Bogotá.
Cómo no enamorarse , también , de esas desprolijidades del cuerpo que lo hacen disfrutable sólo para aquellos que las saben observar...Darío
Comentario de Darío el el 02/04 a las 20:32
La rubia no come cerezas como Penélope Cruz, ni cruza las piernas a lo Sharon Stone. Sin embargo pareciera que actuara sin pudor, con una provocación particular, que esa gotita de aceite deshilachándose en su comisura o que esa leve inclinación de su torso fueran las instantáneas que hubiera plasmado el pincel de Goya si a este no se le hubiese ocurrido nacer en el siglo XIX. Los comensales siguen sus movimientos mientras se atragantan con un pepino o beben de un sopetón medio litro de cerveza negra. Algunos más disimulados; pero otros la mayoría- ya se la han llevado a las Filipinas para gozar una intensa luna de miel. Por el contrario, las damas carraspean, aprietan sus pobres pechos, o incursionan en carcajadas verdaderamente estrambóticas y miran hacia todos lados menos hacia donde todos miran. El ambiente del lobby se ha vuelvo histriónico, y la rubia parece convivir con ello en armonía. Después de devorar len-ta-men-te su comida, se levanta, balancea su largo pelo dorado y se va como se fue. Esta noche su espectro revivirá acompasado en más de un sueño viril y continuará compitiendo con más de una mujer real. Por Amalia Gieschen
Comentario de Amalia el el 03/18 a las 20:06