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Sábado, 30 de octubre de 2004


Tango de obstáculos

Archivado en: Superfluos relatos


En 1945 la orquesta de Lucio Cavalleri fue contratada para tocar en el Club Social y Deportivo Unidos de Brandsen, de la ciudad de Berazategui. El contrato establecía el compromiso de realizar cuatro presentaciones a lo largo de sucesivos fines de semana del mismo mes, un mes de 1945.

Cuando los músicos llegaron al salón que se había previsto utilizar para la milonga, encontraron un espacio que había sido sucesivamente depósito, cancha de bochas y gimnasio. Sobre el lado sur, opuesto a un gigantesco ventanal por el que cada mediodía debía entrar a sus anchas el sol de la pampa, un entablonado montado sobre cajones de cerveza cumplía el papel de escenario.

Los 22 músicos de Cavalleri armaron sus atriles y observaron el desorden del salón. Veinticinco cajones de salto, ocho docenas de cajones con botellas vacías, unas 67 sillas en diferentes estados de conservación, cuatro mesas de ping pong, dos redes de volley ball enrolladas, 12 bolsas de pelotas, 16 mesas redondas tipo bar e incontables trastos varios ocupaban el suelo, amén de las argollas y trapecios que colgaban del techo, poblando también el espacio aéreo. Los músicos afinaron sus instrumentos y comenzaron un breve ensayo. El cantor, Rómulo Sagaldi, sintió una leve carraspera a causa del polvo y del viento que se colaban por el ventanal y por la puerta que daba a los vestuarios.

Cuando llegó la noche, los 22 músicos de Cavalleri encontraron el salón exactamente en el mismo estado en que lo habían visto por la tarde, con excepción del improvisado mostrador destinado al expendio de bebidas alcohólicas. Cavalleri advirtió las conversaciones sarcásicas de los violinistas y un par de comentarios de aires etnológicos de su primer bandoneón.

El público comenzó a llegar a eso de las 22 horas y fueron llenando el salón, acodándose en los cajones de salto o utilizando los cajones de botellas como bancos. Supieron más tarde, al hacer las cuentas con el representante de la Comisión Directiva, que 233 personas habían pagado su entrada.

A las 22:45 recibieron la indicación, por parte del Tesorero, de comenzar a tocar. Rómulo Sagaldi envolvió el salón con su voz grave y aterciopelada, con erres levemente orientales. Desgranó una docena de tangos canción y tres o cuatro valses criollos. Arrancó expresiones de honda emoción cuando, sólo con el guitarrista, interpretó unas milongas sureras.

Luego de un intervalo de 15 minutos, en el que la orquesta completa vació dos garrafones de grapa, acometieron sin ambagues la sección bailable de su concierto.

Las damas, a las pocas notas, comenzaron a llevar el compás con los dedos de una mano en el envés de la otra, cruzadas sobre las piernas. El contrabajista empezó a notar las miradas masculinas que escogían la mujer para bailarla.

El primer cabeceo lo dió un morocho alto y flaco. La elegida era tan alta como él, de piernas largas y de belleza difusa, casi esmerilada. Al rato, 62 parejas se afanaban en el centro del salón, obligadas a evitar los objetos que el enorme espacio guardaba.

La creatividad de los bailarines fue puesta a prueba. Los ochos eran utilizados para sortear una botella que, de golpe, se interponía entre la pareja. Salidas hacia atrás eran obligatorias cuando una caminata de se interrumpía por la mesa ping pong.

Rómulo Sagaldi tuvo, promediando la noche, una inspiración. Tanta creatividad y gracia merecía un premio: al final de la noche se elegiría a la pareja campeona del Primer Campeonato Argentino de Tango de Obstáculos. El Presidente de la Comisión Directiva estuvo de acuerdo en regalar un lechón al caballero y una sesión de manicure para la dama ganadores, que serían elegidos por aclamación.

Al final de la noche, cuando ya no quedaba ni grapa, ni caña, ni licor de mandarinas, los presentes consagraron ganadores a un paisano de la estancia de los Estévez, bailarín viril y seguro, de gracia acompasada y compadrita, que bailara a una dama de cabellos ensortijados y de hombros hermosos.

El éxito de la idea se comprobó el fin de semana siguiente, cuando la presencia de 332 parejas elevaron el nivel de dificultad de la competencia.

Hoy, la Comisión Argentina Pro Tango de Obstáculos "Rómulo Sagaldi", brega por la recuperación de esta disciplina, opacada por el tango espectáculo, adolescente de estéril exhibicionismo acrobático, y por su reconocimiento como disciplina olímpica, al mismo nivel del judo o la gimnasia artística.


Escrito por Pablo El 10/30 a las 10:40
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