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Un poroto paseandero se fue de vacaciones a Santiago del Estero.
Cuando llegó, encontró un tero, que le dijo:
-Hola, poroto paseandero, ¿qué hacés en Santiago del Estero?
-Y.. vine porque era más barato que recorrer el mundo entero-, contestó.
-Bueno, bienvenido-, agregó el pájaro, haciendo una reverencia y quitándose el sombrero.
-Y digamé, si es tan amable, ¿qué puedo hacer aquí de bueno?
-Yo le sugeriría ir a las termas, para dar un paseo.
-¡Qué buena idea!... Pero... expliquemé que es una terma; para mí ¡es realmente nuevo!
-Imagínese un pozo lleno de agua ¡¡¡que sube desde el fondo del aujero!!! Dicen los humanos que es muy sano....
-Ahhh, qué bueno -interrumipió el poroto- pues ¡¡llevemé ya mismo a conocer las termas!!- Y allí fueron.
Al llegar, el poroto no lo pensó dos veces y, sin probar con el dedo, se zambulló de cabeza y se metió de cuerpo entero.
Después de un ratito, el tero, con su pico puntiagudo, pinchó al poroto y se lo comió de un saque, bien tiernito, cocinado por el agua re-caliente de las termas de Santiago del Estero.