Archivado en: Superfluos relatos
Erico viene a casa a veces, a las perdidas. Pasa horas fumando un cigarrillo y mirando la nada, que se encuentra a mitad de camino de las cosas (Heidegger hubiera querido tener los ojos de Erico para encontrar la respuesta a la pregunta que le interesaba), mientras, yo sigo cortando el pasto o haciendo nuevos agujeros para poner tornillos de los cuales colgarán estantes o cuadros.
De repente charlamos sobre temas banales, como el pasto, que este año vino raleado, claro, capaz que fueron las heladas, tan fuertes, si, que en casa hace unos días estaba todo blanco que parecía nieve, che, cuidado que ese cuadro te está quedando torcido. ¿No tendrá pulgas el gato? No, el veterinario me dijo que es una alergia. ¿Dónde se ha visto un gato alérgico, eh?
En algún momento Erico se parará frente a mi colección de CD's y se perderá unos minutos. Lee los lomos, busca, repasa, rememora. De repente escoge un CD. ¿Me lo prestás? Claro, llevalo nomás.
Pasarán meses hasta que venga a buscar otro CD. Hablaremos de música, del gobierno y del pasto.