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Ella busca los caminos del alma por vía de la vivisección...
Su mano sostiene firme y delicada la hoja de la gillette (esa que usamos para arrancar trozos de bacterias y hongos de la pared del sur cuando la abulia espanta). La hoja se hunde en la piel de mi muslo con precisión de cirujano, hasta rozar los músculos, sin cortarlos. Su meñique acaricia paralelo mi superficie.
Pasmosa caricia la de su insólito meñique que me provoca uno de esos escalofríos como alas de gorrión en un baño de arena bajo las hamacas de plaza Rocha.