Archivado en: Superfluos relatos
De los animales con hábitos parsimoniosos, las pastimosas cuentan con el raro privilegio de ser aquellos cuyo acto reproductivo supera en lentitud a la pasmosa cópula del rinoceronte.
En el caso de las pastimosas, superadas las inevitables complicaciones del cortejo, nunca más duraderas que la quietud de una mosca sobre la tapa de una pava de agua para el mate, el pastimosa macho procede a lamer detalladamente el sexo de la pastimosa hembra. Esta operación, que se inicia luego de separar con el hocico el vello púbico hasta dejar al descubierto la vagina, se extiende por varias semanas. En este período, la pastimosa hembra pierde paulatinamente la noción del entorno circundante.
La penetración, por su parte, puede demorar, desde el primer contacto del miembro hasta su completa introducción, cerca de 32 horas, período que puede aumentar sensiblemente en el caso de ejemplares jóvenes.
Indiscutiblemente, el lapso desmesurado que transcurre desde entonces hasta la consecución de los respectivos orgasmos (de una duración de 17 horas y que suelen producirse en las noches cálidas de principios de enero) es una de las principales causas de la extinción de las pastimosas, que han sido sorprendidas en pleno acto amatorio por las pocas glaciaciones que la historia natural registra.