Archivado en: Migas de pan
Un extraño libro armado sólo con frases sueltas que cayó en mis manos de forma un tanto irreflexiva. Me ha hecho pensar sobre el estatuto de un género a veces despreciado: el aforismo.
La idea de fondo con la que Wagensberg busca legitimar este experimento es la siguiente: "Desconfío de cualquier idea que no se pueda expresar en una frase".
Esa idea encontrará, a lo largo del libro, varios corolarios como el que reza que "una buena idea cabe en una buena frase, pero lo mismo ocurre con una idea mala y, a veces, incluso resulta que ambas ideas, la buena y la mala, caben en la misma frase".
Sea como fuere, el libro me hizo pensar y sonreir, experiencias que uno gusta de recomendar a sus amigos y a algunos selectos parientes.
Y aquello en lo que me hizo pensar fue acerca del estatuto del aforismo, definido por Wagensberg como una "elegante conserva de idea". Es que los aforismos suelen confundirse con las frasesitas de presunta profundidad filosófica que encierran enseñanzas vitales, verdades reveladas escritas en piedra, con que los fabricantes de tarjetas de salutación buscan seducir a jovencitas (y jovencitos también, por qué no) que pasan por alguna fecha significativa, como el cumple-mes del primer beso con su noviecito/a (por fuerza, el primer mes, a lo sumo el segundo).
Pero con estas lecturas caí en la cuenta de que un aforismo es más bien la eclosión-culminación de un arduo proceso de reflexión. Lograr un buen aforismo ha de ser un desafío en el que un escritor se bate sin pensarlo realmente, hasta que esa frase sintética, poderosa, elegante, está ahí, propensa, como dice Wagenseberg, a convertirse en latiguillo que se repite, se cita y se usa, o en lema, que entusiasma y anima...
Wagensberg me hizo pensar en que un aforismo es un medio legítimo para poner a circular un saber, más allá de las reflexiones sobre vida, conocimiento e incertidumbre de que trata el libro.
Un libro muy interesante, por cierto, que fue leído de un tirón en un viaje de Buenos Aires a La Plata (a la sazón, 50 minutos en micro) y me hizo también pensar en el hábito de leer en tránsito, tema, quizás, para otro post.
Para saber sobre Jorge Wagensberg (epistemólogo, del que había leído cosas sueltas cuando yo era estudiante y al que había visto muy citado) probá buscar en Google.
QUIERO APRENDER
Comentario de JAIME el el 04/29 a las 16:43