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Un poemita en prosa sobre esas búsquedas que uno hace en sociedades dudosas y que buscan grandes recompensas. O un relato sobre la frustración que uno se busca solito o en pareja.
Cansados de bucear en la mierda nos hemos convencido de que el diamante que habíamos arrojado a esta gigantesca letrina ha sido perdido para siempre.
Tu cabeza asomó primera a la superficie y para cuando yo asomé la mía y pude abrir los ojos ví tus glándulas conjuntivas lavar lágrimas de mierda.
Escupí un garzo marrón como gelatina de perros que mendigan afecto en casas de dos pisos, pero mis ojos permanecieron rodeados de estiércol, el pelo como de sacerdotes aztecas, cascos de sangre y sebo.
Recorrimos la profundidad de la letrina con enormes esfuerzos de apnea. Tocamos el fondo fangoso seleccionando piedras vulgares, algunas hasta bellamente bruñidas. Pero ni rastros del diamante que arrojamos para jugar a los pescadores de perlas.
Con cierta tendencia al pensamiento mágico supusimos que en procaz alquimia el diamante se había transformado en mierda o disuelto como el azúcar en el café con leche.
Lo más probable es que el muy guacho permanezca en el fondo, confundido con las piedras vulgares y las hasta más bellamente bruñidas.
¿Qué haremos con nuestra colección de piedras? Dividirla en dos partes exactamente iguales. Y me chupa bien un huevo lo que hagas vos con la tuya (quizás construyas altares para adorar dioses tristes).
El diamante sigue en el fondo de la mierda cagándose de risa de nosotros.