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Peter Pan, en la película, declara que su hogar se encuentra "en la primera estrella a la derecha". Con total lógica mi hijo de tres años preguntó: ¿Quién vive en la otra estrella, pá?...
El perro Getulio vive en la estrella de al lado de la de Peter Pan. A veces, cuando viene volando, se equivoca y se mete en Nunca Jamás. ¡Se arma un revuelo terrible entre las sirenas! No están acostumbradas a ver perros, porque en Nunca Jamás hay hadas, sirenas, duendes, piratas, cocodrilos, indios y niños perdidos, pero perros, ¡ni uno!.
Igual, a Getulio le gusta Nunca Jamás. Se pega un chapuzón en el lago de las sirenas y les chumba desde la orilla a los piratas, que le tienen un poco de miedo porque Getulio es un perro grandote. Al final, los niños perdidos, que no le tiene miedo y lo quieren mucho, se le suben al lomo y lo llevan a dar un paseo por las carpas de los indios.
Getulio, como ya dijimos, es un perro grande y, además, un poco torpe. Cuando entra en la carpa del Gran Jefe moviendo la cola para un lado y para el otro termina tirando las cazuelas, los cuencos y los tejidos.
La esposa del Gran Jefe, Doña Estrella del Alba, se enoja con los niños perdidos: "Saquen este perro de acá", les grita hecha una furia, agitando una escoba hecha con ramitas y hojas. "Yo le dije a Gran Jefe: 'vamos a vivir a nunca Jamás que no hay perros' y mirá este Getulio ¡¡¡se viene a equivocar de estrella!!!"
Pero Getulio se tira panza arriba, y aunque aplasta los brotes tiernos de maíz o las flores más chiquitas, todos los indios vienen a hacerle mimos en la panza, que es lo que más les gusta a los perros. Todos se ríen mucho y a Doña Estrella del Alba se le pasa el enojo.
Cuando se empieza a hacer de noche, Getulio vuelve a su estrella, la estrella de al lado de la de Peter Pan. Ahí lo esperan su mamá y su papá.
-¿Dónde estuviste, Getulio?- le dice la mamá mientras le dá esos lengüetazos que son como besos y que a Getulio le gustan tanto.
-Vengo de la estrella de al lado. Estuve jugando con los niños perdidos, ma.
-No le habrás roto nada a Doña Estrella del Alba, ¿no?- le dijo la mamá, que ya sabía que cada vez que Getulio y los niños perdidos se metían en el campamento indio se mandaban alguna macana.
-Bueno, si, pero fue sin querer...
-Pero qué perro travieso!!!!. Mañana le vas a llevar unas flores y un frasco de mermelada, ¿te parece?
-Bueno ma, pero fue sin querer...
-Si, ya sé que fue sin querer.- le dijo la mamá, muerta de risa.
Antes de irse a dormir, Getulio juntó un ramo de flores rojas, anaranjadas y amarillas y eligió un frasco de mermelada casera recién hecha. Después dió treinta y dos vueltas alrededor de la cama y se acostó.
Cuando salió la luna, el papá le cantó una canción. A Getulio le encanta la canción que su papá le canta a la luna. Él practica también a veces y cantan juntos. Pero hoy había jugado tanto con los niños perdidos que estaba tan cansado que no tenía ganas de cantar.
Getulio se durmió, pensando en las tostadas con mermelada que se iba comer al otro día, con todos los niños perdidos, en la carpa de Doña Estrella del Alba.